Morena y PRD: buenos y malos

Humberto Musacchio

En la decisión de Andrés Manuel López Obrador de abandonar el PRD hay un maniqueísmo evidente e inaceptable. Es cierto que la mercantilización ha llegado a dominar la vida del partido aurinegro, es cierto que pandillas sin escrúpulos son las que controlan los puestos principales de dirección, los cargos públicos, las chambas dentro del partido y, desde luego, el presupuesto, pero todo eso, con lo grave que puede ser, no alcanza a justificar la decisión de salir de la casa que construyeron todos.

La decisión de escindirse es en gran medida responsabilidad de Andrés Manuel López Obrador, pero con él estuvieron de acuerdo 200 líderes del Movimiento de Renovación Nacional (Morena), al menos la mayoría de ellos, quienes se reunieron en asamblea jueves y viernes para acordar lo que el domingo informó Andrés Manuel en el Zócalo.

Las razones de los morenistas para dejar el PRD están en la actuación electoral del ala derecha del perredismo, que no logró acreditar representantes en miles de casillas, pese a que, a diferencia de Morena, había prometido un pago por vigilar las urnas. En muchos casos, quienes habían aceptado el dinero no se presentaron y, en otros, el bando de enfrente ofreció más dinero para que traicionaran al PRD.

El resultado fue un alto porcentaje de casillas sin vigilancia donde los presuntos ganadores desplegaron sus muy conocidas dotes alquímicas con el resultado que conocemos. Y a la traición se sumó la burla cuando Chuchos y bejaranos “mayoritearon” para repartirse el pastel en las cámaras, marginaron a los morenistas y dejaron para la fracción de Ebrard-Mancera apenas la Asamblea Legislativa.

Por si algo faltara, Miguel Angel Mancera y Graco Ramírez, gobernantes electos del Distrito Federal y de Morelos, dejaron muy claro que reconocerían a Enrique Peña Nieto como presidente de la república, y varios dirigentes del ala derecha del PRD anunciaron que no participarían en movilizaciones contra el resultado del Tribunal Electoral Federal. La suerte estaba echada.

Los líderes morenistas decidieron irse y tratarán de formar inmediatamente su propio partido, pues quieren participar con registro propio en las elecciones de 2015. Los mueve la idea de que la política se divide en buenos y malos. Muy pronto se toparán con la sorpresa de que entre ellos existe la misma división, y volverán a escindirse una y otra vez, y así hasta que se entienda que un partido no es una iglesia y que en cada ser humano coexisten la maldad y la bondad, la codicia y el espíritu de sacrificio.