“Las izquierdas” en extrema orfandad
René Avilés Fabila
La salida de Andrés Manuel López Obrador del PRD y el fin de su relación formal con el PT y Movimiento Ciudadano deja a “las izquierdas” en extrema orfandad. La mayoría de los perredistas no saben todavía qué hacer, se encuentran todavía engolosinados sintiendo como una realidad el ser la segunda fuerza política del país, cuando pronto se fragmentarán y la falta de unidad los sacará del sueño maravilloso que viven especialmente senadores y diputados. El hueco que ha dejado López Obrador pronto será visible y por allí comenzará el derrumbe.
El PAN, por el contrario, el que ahora del primer lugar pasó al último (sin considerar los partidos pequeños, negocios y empresas familiares) tiene mayor futuro porque posee cohesión y sus dificultades no son tan graves como la orfandad en que Andrés Manuel dejó a “las izquierdas”.
El que está feliz, aparte de ser “el mejor alcalde del mundo”, es Marcelo Ebrard: no parece tener (al menos por ahora) rival dentro del PRD: ya anticipó su futuro: será candidato presidencial por el PRD y como van las cosas, con el incomparable apoyo de Manuel Camacho, quien ha dicho no tener militancia alguna, llegará a Los Pinos. Se mueve, pues, con mucha anticipación y convencido de que ha llegado su momento: lo que pensaron tres veces Cuauhtémoc Cárdenas y dos López Obrador. Pero no parece considerar que este último es tenaz, que cuenta con millones de seguidores fanatizados y que tiene algo significativo: conoce el país y él es conocido por todos los municipios que lo integran. La fama de Ebrard es un fenómeno local y sin duda se lo debe más que a su habilidad al partido donde ya parece militar.
Ebrard da la impresión de tener a “las izquierdas” bajo control y a su disposición. De allí su certeza de ser su candidato. Se permite incumplir, violar normas, ser desconcertante, un pésimo jefe de gobierno en términos de efectos reales. Muchos medios lo aplauden, tan necesitados de héroes y noticias que vender.
A cambio, el diario La Crónica cabeceaba el pasado lunes que “Ebrard cumple a medias «contrato social» que el jefe de gobierno prometió”, y no firmó. Pero hay cosas más graves: ha alterado la fisonomía del paisaje urbano para darle prioridad a los ricos, a los que pueden comprar automóviles. Segundos pisos, puentes, muchos de pago sin verdaderamente darle al transporte público ninguna prioridad, salvo obras que dan publicidad antes que verdadero confort a las masas que se mueven a diario por la enorme, monstruosa ciudad.
Mención aparte, ha alterado monumentos de gran valor histórico y no ha tenido interés en escuchar a los especialistas. Le importa más ser popular que buen gobernante.
A Ebrard le interesa una sola cosa: la candidatura primero y Los Pinos después. Al PRD conservar su peso en el Distrito Federañ. Pero dejan de lado que muchísimos de los 25 millones y medio de votos que obtuvieron los produjo la persona inquietante para bien y para mal que se llama Andrés Manuel López Obrador y quien ya anticipó con acciones que lo veremos en las boletas presidenciales en 2018.
¿El PRD y Ebrard podrán contra el poderío del caudillo? Es cierto, está a la baja, su terquedad de no aceptar más que su propio triunfo, sus políticas cambiantes y su eterna demagogia, le han dado una fuerte personalidad que nadie tiene dentro de los que prometen ser sus cordiales adversarios.
Este conflicto que ya está anticipado dañará mucho más al PRD que a López Obrador. Quien lo enfrente del lado de “las izquierdas” oficiales difícilmente lo vencerá.
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