Andrés Manuel se refugiará en Morena
René Avilés Fabila
Honestamente ya no sé qué pensar de Andrés Manuel López Obrador, he sido un crítico de los partidos y del poder en general, pero él es quien mayor material me ha dado para escribir mis artículos. Ahora vuelve a asombrarme con su discurso del domingo pasado, donde no habló más el caudillo, lo hizo un hombre iluminado, vocero de Dios, que está completamente convencido de ser la persona que salvará a México. Su discurso, en tal sentido, es memorable, pese a lo mal articulado, las frases hechas y los lugares comunes.
La única pregunta que se me ocurre formularle es: ¿de quien salvará a México? Es obvio: lo ha venido diciendo desde que perdió la primera elección presidencial: de la mafia del poder. Ahora, ¿quién conforma esa extraña y temible mafia? Varía, aunque la creencia generalizada es que se refiere al PRI, al PAN y desde luego a los hombres del dinero. Pero seamos honestos, “las izquierdas” se aliaron en repetidas ocasiones con Acción Nacional y más de un multimillonario apoyó su causa.
Hay que leer con detenimiento su discurso y el decálogo que invita a la desobediencia civil “pacífica”. Alguien avezado en política mexicana me insistió: se trata de un hombre desquiciado. Podría ser. No lo discuto, pero desconcierta su terquedad, si antes en la salvación del país contaba con el PRD, el PT y Movimiento Ciudadano, ahora la descomunal tarea recae en su persona y en nadie más. Hay que seguirlo sin chistar, obedecerlo, él conoce la ruta y los métodos para salir del abismo en que estamos.
No reconocerá a Enrique Peña Nieto, como tampoco reconoció a Felipe Calderón y, a pesar de ello, el panista gobernó el periodo que tenía asignado. Lo mismo sucederá con el priista: tendrá problemas con los seguidores del nuevo culto, pero será presidente de la república.
El discurso es bíblico, es más una pieza de un futuro santo, que la de un político que mira el terreno que lo rodea y actúa con un método y una ideología. Se ve a sí mismo como un héroe, utiliza sus rudimentarios conocimientos para verse a sí mismo como el único héroe capaz de enfrentar los riesgos más extremos con tal de triunfar en sus propósitos. Lo advierte al señalar cómo lo verán las futuras generaciones, una vez que salve al país.
Nunca, desde la aparición de la Virgen de Guadalupe, un mexicano había tenido contacto directo con una deidad. Obrador lo tuvo y allí está la encomienda. No tiene otra misión. De nuevo recorrerá la república con su ayate lleno de flores, nos explicará lo que no entendemos y nos conducirá con mano firme hacia la redención. Los males como la pobreza, la corrupción y la extremosa desigualdad desaparecerán. No recuerdo en México alguien que tenga tan claro su destino y la encomienda celestial. Algunos como Francisco I. Madero contaban con el apoyo de espíritus, pero nadie tenía teléfono directo con Dios.
Se ha despedido de sus aliados, los que lo encumbraron, se refugiará en su propia organización, Morena, donde nadie lo criticará ni lo desobedecerá. Del otro lado, en el PRD, pese a los muchos votos que recibieron gracias a López Obrador, hay tranquilidad, alivio, al fin se fue el caudillo autoritario y dueño de la última palabra. Dicho por Jesús Ortega, la esquizofrenia se marcha. Es tiempo de rehacer el PRD, quitarse de encima a los expriistas y edificar una organización de izquierda responsable y real. López Obrador ha preferido el martirio, ser una suerte de Gandhi. Pero México no es la India. El país está mal sin duda, pero la independencia ya la tiene, otros son los problemas a enfrentar. No cabe duda, México estará un buen rato dividido: el que ve un hombre salvador e iluminado, y el real.
www.reneavilesfabila.com.mx
www.recordanzas.blogspot.com
