Vivió hace unos 80 mil años en el macizo de Altai, en Siberia

René Anaya

El ser humano moderno no fue la única especie del género homo que tuvo la capacidad de crear herramientas y de comunicarse, según han descubierto expertos en biología evolutiva, con modernas técnicas de análisis del material genético.

Se conocía que el Homo neanderthalensis, que vivió hace unos 200 mil años, poseía rasgos culturales, como el culto a los muertos y la fabricación de herramientas, inclusive hubo cierto mestizaje con el Homo sapiens, pero no se tenían datos sobre alguna otra especie que hubiese convivido con los ancestros del hombre actual.


Una pariente siberiana

En las cuevas de Denisova, ubicadas en el macizo de Altai, en Siberia, hacia 1980, un grupo de científicos de la extinta Unión Soviética descubrió restos arqueológicos de entre 250 mil y 180 mil años de antigüedad, entre los que se encontraban herramientas y objetos decorativos que en un principio se atribuyeron a neandertales. Pero en 2008 la historia empezó a cambiar.

El hallazgo de huesos fosilizados se pensó confirmaría que en esas cavernas habitaron neandertales, pero el análisis de pequeños fragmentos de hueso de un dedo meñique, del tamaño de un botón de camisa, y de dos dientes arrojaron resultados sorprendentes. Esos restos no pertenecían ni a neandertales ni a humanos modernos, sino probablemente a otra especie humana hasta ese momento desconocida, a la que se le llamó Homo denisova.

El anuncio preliminar realizado en 2010 dejó muchas dudas, pues el material con que se contaba era muy escaso, tomando en cuenta las técnicas de análisis del ácido desoxirribonucleico (ADN), aunque hubiese sido hecho por uno de los mejores expertos en genética evolutiva, el biólogo sueco Svante Pääbo.

Dos años más tarde, el 30 de agosto pasado, Pääbo y su grupo de investigadores publicaron en la revista Science un extenso informe sobre el análisis de esos restos fósiles, realizado con una nueva técnica de secuenciación del ADN, desarrollada por Mattias Meyer, uno de los miembros de su equipo. Esa técnica permite partir de hebras simples de la doble hélice, en lugar de las dos, de tal manera que se logra multiplicar la cantidad de ADN del fragmento óseo y se puede lograr un nivel de detalle comparable al que se consigue en una persona viva.

El análisis reveló que los restos pertenecieron a una niña que vivió hace unos 80 mil años, que tenía los ojos café, el cabello castaño oscuro y la piel también oscura. Su material genético reveló que hubo hibridación entre neandertales, Homo sapiens y denisovanos, pero en diferente proporción según la región geográfica.

 

Un largo viaje hacia el ser humano

Se ha planteado que hace entre un millón y 800 mil años los homo se escindieron en dos líneas evolutivas principales; una de ellas pobló el continente africano y fue de la que descendemos directamente, la otra vivió en Europa y Asia. De esta surgieron los neandertales y los denisovanos, que hace unos 60 mil años se encontraron con individuos Homo sapiens, con quienes tuvieron intercambio genético, con los neandertales con más frecuencia que con los denisovanos.

“Mientras que los neandertales han contribuido al ADN de todos los humanos que viven hoy fuera de Africa, los denisovanos sólo han aportado a habitantes de Papúa Nueva Guinea, Fiji, Australia y otros lugares de Melanesia”, afirmó Pääbo, aunque también se han encontrado algunos genes alelos (variantes de un gene) denisovanos en poblaciones de Asia, Sudamérica y Europa.

Por tanto, al parecer los denisovanos viajaron principalmente a Australia y a la Melanesia, en tanto que los neandertales se asentaron en Europa. De ahí que las oleadas migratorias del Homo sapiens, procedente de Africa, encontraron a estos homos con los que hubo relaciones sexuales y, por tanto, intercambio de material genético.

De esta manera, el equipo de Pääbo ha realizado un catálogo genético casi completo de esos grupos. Encontraron más de cien mil cambios en el orden de las letras (nucleótidos) que componen el ADN en los humanos modernos, entre los que están ocho genes relacionados con el desarrollo cerebral, las conexiones neuronales y enfermedades de origen neurológico, como el autismo.

“Es fascinante que entre esos ocho genes conectados con la función cerebral dos estén relacionados con el autismo. Otros autores han escrito libros enteros sugiriendo que esa enfermedad puede afectar a una característica crucial para los humanos modernos que sirve para ponernos en el lugar de otros, manipular al prójimo, mentir, desarrollar la política y crear grandes sociedades”, ha considerado el investigador Svante Pääbo, quien se esfuerza por descubrir qué hace humanos a los humanos.

Según el experto en genética evolutiva, el estudio que dirige contribuirá “a determinar cómo las poblaciones de humanos modernos se expandieron tanto en tamaño junto a una cultura compleja, mientras que las poblaciones de humanos arcaicos menguaron y se extinguieron”.

 

reneanayas@yahoo.com.mx