La que muchos han coronado como la más reciente reina del soul, Amy Winehouse, habría cumplido hoy 29 años. Sus insuperables adicciones llevaron a que la inconfundible voz de la cantante se apagara el 23 de julio de 2011 enmudeciendo al resto del mundo cuando, al parecer, una gran ingesta de alcohol la llevó a la muerte con tan solo 27 años.
De orígen judío, la cantante y compositora londinense destacó desde pequeña por sus dotes musicales. A los 10 años fundó un grupo de rap, aunque el jazz, el soul y el R&B ya circulaban por sus venas y no tardaría demasiado en desviar su camino a estos géneros musicales. Su primera guitarra le llegó con 13 años y compuso sus primeros temas, que pocos años después recorrerían multitud de bares de Londres. Aún así, el primer contrato formal de la pequeña Amy no llegaría hasta 2002.
De acuerdo al portal ABC.es, su primer álbum, «Frank», sirvió como despegue a su carrera y le condujo a conseguir el disco de platino, ser nominada a los Premios Mercury Music, a los BRIT Awards y a conseguir que su «Stronger Than Me» lograra el Premio Ivor Novello a la Mejor Canción Contemporánea. Pero la culminación de su éxito vino de la mano de «Back to black» que, alcanzando el número uno en todo el mundo, convirtió a la artista en la voz del momento otorgándola numerosos premios y reconocimientos.
Fue la primera artista británica en ganar cinco Grammys
La ceremonia de los Grammy de 2008 fue sin duda la noche de la cantante. Winehouse se llevó cinco de los seis premios a los que optaba: Mejor nuevo artista, Grabación del año, Canción del año, Mejor interpretación femenina de pop por «Rehab», además de Mejor álbum pop vocal por «Back to Black», y aunque no pudo asistir a la gala por problemas con su visado, ya a nadie le cabía duda de quien estaba en la cúspide de la música. Batió el récord de premios en una noche y se convirtió en la primera cantante británica en ganar cinco premios Grammy.
A lo largo de los años siguientes la diva siguió cosechando éxitos, que además eran premiados. Sin embargo, el decadente aspecto provocado por su cada vez más desgastada salud la llevaban a menudo a ocupar multitud de portadas y a convertirse en el centro de atención de los medios. Sus adicciones, sus problemas con la justicia y su tormentosa relación con el que fuera su marido, Blake Fielder-Civil, hicieron que por momentos su espectacular talento quedase en un segundo plano.
Su padre, Mitchell Winehouse, ya había vaticinado el horrible final que le esperaba a su hija si no dejaba de lado sus adicciones y este mismo año ha publicado un libro en el que describe el terrible paso de Amy por ellas. Tras ingresar en diferentes clínicas de desintoxicación, la británica no conseguía dejar atrás el lastre de las drogas y el alcohol, y su actitud dejaba entrever que tampoco se sentía demasiado por la labor.
La leyenda
Así fue, su adicción fue su maldición y en julio de 2011, en su casa, situada en el popular barrio de Camden, se encontraba el cuerpo sin vida de la joven. Las causas de la muerte fueron rápidamente investigadas, pero no fue hasta octubre cuando se hizo pública la autopsia. En ella se reflejaba una alta dosis de alcohol pero ni rastro de ningún tipo de sustacia ilegal, cerrando así las especulaciones de muerte por sobredosis.
Los fans de la artista se agolparon frente a su casa llenándola de tributos para recordarla. Entre ellos, las cuantiosas botellas y copas llamaban la atención entre cientos de flores y fotos. Los homenajes no tardaron en llegar, y el álbum postumo tampoco. El 5 de diciembre de 2011 se lanzaba «Lioness: Hidden Treasures». De él se vendieron 2.500.000 de copias en todo el mundo.
Admirada por cantantes como Adele, Lady Gaga, Jay-Z, o el mismísimo Stevie Wonder, Amy Winehouse consiguió que, por muchos escándalos que le rodeasen durante su trayectoria, su voz se escuchase más fuerte que todos ellos. Aquel mes de julio que ahogó su vida, nació la leyenda.

