Juan Antonio Rosado

Ágil, de lectura rápida, amena y divertida, pero a la vez profunda y aleccionadora, Jantipa, ¿el gran amor de Sócrates?, de María Elena Sarmiento, es una novela en que, ya desde su título, prevalece la razón y el diálogo. Es conocido que la esposa de Sócrates fue una mujer distinta de las demás. En el seno de un mundo patriarcal y machista, se le ha criticado su fama de “masculina”, de “irascible” o “irritable”, de ir contra los preceptos que dictan: “El silencio es un adorno en la mujer”. Todo esto es el lugar común, o el “honrado lugar común”, como diría Alfonso Reyes. Sin embargo, María Elena Sarmiento rompe con esta simplicidad al presentarnos a una Jantipa —y a un Sócrates— de carne y hueso, cada uno con su voz propia, con sus distintas motivaciones y deseos, e incluso contradicciones. En estos retratos de Jantipa y Sócrates —tanto físicos como sicológicos— radica en realidad el valor de la novela: se trata de personajes profundamente humanos y, por tanto, verosímiles en su intensidad.

Es evidente que hubo, por parte de la autora, una investigación previa en torno a la cultura y a las costumbres griegas de la época socrática, y si descartamos el hecho (real) de que los socráticos no empleaban nunca las palabras “maestro” ni “discípulo”, sino más bien “amigo” o “compañero”, el lector que se enfrenta a esta obra no sólo se divierte, sino que también aprende. Un ejemplo sencillo: la secuencia narrativa donde se expone y describe el banquete de bodas del hombre que busca la Verdad con su irascible mujer, pero también ciertos pormenores en cuanto al contexto bélico en que se desenvolvía Atenas en aquella época.

La magia de este tipo de obras es doble: por un lado, hay una resignificación de los antiguos símbolos, en la medida en que leemos la novela para nuestra época, y por otro, en su contexto propio, en el mundo que nos retrata mediante los recursos de que dispone la imaginación y la razón, la selección y la combinación: esos antiguos rituales, símbolos religiosos, creencias y costumbres (toda una visión del mundo) vuelven a adquirir el sentido que perdieron en la cotidianidad tras la imposición violenta del cristianismo. El lector actualiza un mundo perdido, lo valora, y por ello subsiste cierta nostalgia. Afortunadamente, existen voluntades e imaginaciones como la de María Elena, que nos permiten —aunque sea por unos instantes— la recuperación de un complejo universo ya desaparecido.

María Elena Sarmiento, Jantipa, ¿el gran amor de Sócrates? Vergara, México, 268 pp.