Gore Vidal
(Mínimo fragmento)
Libanio a Prisco Antioquía, marzo de 380
Ayer por la mañana, cuando estaba a punto de entrar en el salón de clases, fui detenido por un estudiante cristiano que me preguntó con voz maliciosa:
-¿Habéis oído hablar del emperador Teodosio?
Me aclaré la garganta mientras pensaba en el sentido de la pregunta, pero mi interlocutor fue más rápido que yo.
-Ha sido bautizado como cristiano -agregó.
No dije palabra. En estos tiempos nunca se sabe cuándo se está ante un agente secreto. Además, la noticia no me sorprendía demasiado. Cuando Teodosio cayó enfermo el último invierno y los obispos llegaron como buitres para rogar por él, comprendí que si el emperador se recobraba les otorgaría toda su confianza por haberlo salvado. Ha sobrevivido. Y ahora tenemos un emperador cristiano en Oriente, para competir con Graciano, nuestro emperador cristiano de Occidente. Era inevitable.
Me volví para entrar en el salón, pero el joven aún no había finalizado su agradable tarea.
-Teodosio también ha promulgado un edicto. Acaba de ser leído frente al edificio del Senado. Fui a oírlo. ¿No habéis ido?
-No, pero siempre me ha deleitado la prosa imperial -dije cortésmente.
-Pues ésta no os deleitará. El emperador ha declarado herejes a todos aquellos que no siguen al Credo Niceno.
-Me temo que la teología cristiana no sea desde luego mi especialidad. Veo difícil que el edicto se aplique a quienes aún tienen fe en la filosofía.
-Se aplica a todos en Oriente. -Dijo esto despaciosamente, sin dejar de mirarme. -El emperador ha designado a un inquisidor para que determine la fe de cada ciudadano. Se acabaron los días de tolerancia.
Me quedé sin habla. El sol me deslumbraba. Todas las cosas se me hacían confusas y me pregunté si estaría a punto de desmayarme o de morir. Pero las voces de dos colegas me volvieron a la realidad. Por la forma en que me saludaron, puedo decir que también ellos estaban enterados de! edicto y tenían curiosidad por conocer mi reacción. Pero no les di satisfacción.
-Ya lo esperaba -les dije-. La emperatriz Póstuma me escribió esta misma semana para decirme que… -inventé lo que quise. Por supuesto, no había tenido noticias de la emperatriz desde hacía meses, pero pienso que el enemigo no olvidará hasta qué punto gozo del favor de Graciano y Póstuma. Es humillante verse obligado a defenderse de esta manera, pero estos tiempos están llenos de peligro.
Ayer no di clases. Fui directamente a casa. A propósito, ahora vivo en Dafne, un encantador suburbio que prefiero a Antioquía por su tranquilidad. A medida que envejezco me molesta el más leve ruido nocturno y, una vez despierto, me resulta difícil volver a dormirme. Podéis imaginar cuán insoportable se me fue haciendo mi vieja casa de la ciudad. Seguramente la recordaréis; fue allí donde di la recepción al emperador Juliano cuando él… Pero me olvidaba, ¡no estuvisteis y se os echó mucho en falta! Estos días la memoria me hace demasiadas jugarretas. Aun peor, a menudo extravía las notas que tomé para ayudarme, o (terrible confesión) cuando las hallo, muchas veces soy incapaz de descifrar mí propia letra. Los años no perdonan, mi querido amigo. Como viejos árboles, empezamos a morir por la copa.
