Gonzalo Valdés Medellín
Siempre es triste la noticia de un deceso, pero lo es más cuando se trata de un joven valor del arte, como fue Octavio Castro, nacido en 1977, quien falleció el pasado domingo 2 de septiembre en la Ciudad de México, dejando una interesante y valiosa labor en nuestros escenarios, así como en el cine y la televisión. Actor característico, no obstante, Castro poseía una amplia gama de registros que lo condujeron a encarnar los más disímbolos y contrastados, así como complejos personajes, como el que interpretó en el musical ¡Si nos dejan! (“Peligro”), durante casi un año, “hasta hace unas semanas cuando cayó en el hospital, víctima de un mal del que ya no pudo recuperarse”, expresó la productora Ocesa Teatro en un comunicado, resaltando que el joven actor falleció “acompañado por sus familiares y amigos más cercanos”.
Egresado de la carrera de actuación del Centro Cultural Universitario (CUT), Octavio Castro inició su carrera siendo apenas un niño, destacando por su enorme talento, profesionalismo, dedicación, honestidad, pero sobre todo, por su disciplina, entrega y don de gentes. En cine, hizo su debut hace once años en la cinta de Eduardo Rossoff Ave María, a la cual le siguieron De la calle, Zurdo, Sobreviviente, Te apuesto y te gano, El violín, Al final de surco, Así del precipicio, Fuera del cielo, La sangre iluminada, Sólo quiero caminar, Viaje redondo, Asalto al cine y Malaventura, por mencionar algunas. Su experiencia en televisión no es menor, ya que participó en las telenovelas Todo por amor, Cara o cruz, Las vías del amor, Machos, Campeones y recientemente en Para volver a amar. También formó parte de las series Zapata, Amor en rebeldía, Vecinos, Terminales, La rosa de Guadalupe, La alegría del hogar, Capadocia y La familia P. Luche… En teatro participó en las puestas en escena Los endebles, La cibernauta, El alma buena de Sechuán, Pensión vudú, Historias en la cama para tocar campanas, Antinavideños, Julio César, Sueño de una noche de verano, Pinoxcho emo y Cállate Josefa. Formó parte del taller que “construyó” el musical ¡Si nos dejan!, a finales del año 2010, y después fue parte capital del montaje y de la puesta en escena, con la cual realizó más de trescientas funciones. Considerado así, no sólo un gran actor, sino también un gran ser humano y un gran amigo, Octavio Castro deja una huella en el arte histriónico de México y un legado de perseverancia que siempre será recordado por su ejemplaridad. Descanse en paz, Octavio Castro.
