Juan Antonio Rosado
¿Qué sería de la literatura sin las llamadas instancias mediadoras, desde la crítica que descubre, valora y difunde hasta los centros dedicados a su estudio, bibliotecas, revistas, suplementos culturales, así como librerías y editoriales? Respecto de estas últimas, en cientos de ocasiones el editor corrió con la misma suerte que el autor (recordemos los casos de Charles Baudelaire o de Gustav Flaubert, o más recientemente, el de Jorge Cuesta y su revista Examen). Más que los obscenos monopolios editoriales o transnacionales, han sido los editores independientes quienes en México se han arriesgado de verdad. En los años sesenta, Arnaldo Orfila Reynal tuvo que abandonar el Fondo de Cultura por la publicación de Los hijos de Sánchez, de Oscar Lewis. Así surgió Siglo XXI Editores (1965). Años antes, en 1962, apareció Editorial Joaquín Mortiz, y en 1966 Emmanuel Carballo funda Diógenes. Estas empresas dieron a conocer a un cúmulo de nuevos valores literarios, y se arriesgaron.
En 1963, Octavio Colmenares y Vargas, valiente periodista y abogado, fundó Edamex, conocida luego también como Libros para Todos. La editorial se caracterizó por su heterogeneidad y apertura. Pronto se hizo popular debido a la publicación de obras periodísticas sobre actualidad, pero también de investigaciones serias, ensayos, novela, poesía, best sellers y libros con gran rigor académico. Entre estos últimos, recuerdo algunas joyas bibliográficas, como las traducciones directas del sánscrito —en bellas ediciones bilingües— de algunos Upanisads, llevadas a cabo por el indólogo Juan Miguel de Mora, quien publicó en Edamex muchos otros títulos, entre los que sobresale el ensayo-crónica Tlateloco 68. Octavio Colmenares corrió con la misma suerte de los periodistas que debieron abandonar Excélsior a mediados de 1976, tras el golpe que le propinó Luis Echeverría a ese diario. Asimismo, después de publicar una obra contra el presidente José López Portillo, escrita por Mauricio González de la Garza, Colmenares recibió advertencias y amenazas de aquel gobierno que todos recordamos por su corrupción. A inicios de septiembre de 2012, falleció este editor y periodista. Antes de su deceso, dejó un testimonio: pedirle cuentas a Felipe Calderón Hinojosa en el libro El pueblo no me ama. ¿Qué le habré hecho? Allí leemos: “En una verdadera democracia los ciudadanos deben pedir cuentas a sus gobernantes al final de su ejercicio, para saber si cumplieron sus promesas de campaña. Deben, también, decirles lo que no les gustó de su gestión, y si fuese el caso, llevarlos ante los tribunales para que los juzguen, si algunos de sus actos pudieron ser delictivos”. A Calderón le dice: “Dirán que fue usted un personaje oscuro que por soberbia no se rodeó de consejeros inteligentes, que pretendió acabar con el crimen organizado siguiendo una estrategia equivocada, que les hizo el trabajo sucio a los vecinos del norte, que su sexenio se caracterizó por la violencia, la inseguridad, el terror ciudadano, y que más de sesenta mil compatriotas encontraron la muerte”.
En una entrevista de Mario Andrés Campa, Colmenares hace extensivo el crimen organizado: “¿Cómo se les llamaría a los hermanos Vázquez Raña cuando un enfermo entra a su hospital por un infarto, lo curan y luego el enfermo regresa por el infarto que le da cuando le presentan la cuenta? Otro crimen organizado lo integra el propio gobierno al aplicar tantos impuestos y aumentos a la ciudadanía […] El Poder Judicial es otro crimen organizado”.
A lo largo de sus casi cincuenta años de vida, la editorial Libros para Todos o Edamex ha publicado más de tres mil quinientos títulos. Su editor perteneció a una generación crítica, que se opuso a Gustavo Díaz Ordaz y lo atacó por la represión contra los estudiantes que culminó en la masacre del 2 de octubre de 1968. Esperemos que esta editora continúe su valiente camino, aunque el hombre que la animaba ya no esté con nosotros.
