El pretexto del crimen organizado
América para los americanos.
James Monroe
José Alfonso Suárez del Real y Aguilera
Mientras los americanos liberaban del nazismo la mítica ciudad de Colonia en los primeros días de marzo de 1945, la ciudad de México servía de escenario a la firma del Acta de Chapultepec, instrumento diplomático signado por la mayor parte de los países de América, a través del cual se ampliaba el pacto de solidaridad recíproca —que ofreció una oportunidad de avance a la Doctrina Monroe— en relación con la amenaza que representaba para la seguridad continental el Eje Berlín-Roma-Tokio.
La firma de tal instrumento sustentó en 1947 el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), y en 1948 dio origen a la Organización de Estados Americanos (OEA), organismos que responde fundamentalmente a los intereses de Estados Unidos de América desde su instauración.
Sesenta y siete años más tarde, el 20 de septiembre de este año, el Alcázar de Chapultepec —bastión de la heroica resistencia mexicana a la invasión yanqui de 1847— vuelve a ser escenario de un encuentro continental auspiciado por el gobierno de Felipe Calderón, a fin de adoptar el Esquema Hemisférico de Lucha contra el Crimen Organizado Transnacional, mecanismo gestado como consecuencia de la irascible actitud asumida por la secretaria Hillary Clinton el 5 de marzo de 2010 en Guatemala, ante la osadía de los presidentes de Centroamérica, que a insinuaciones del gobierno mexicano le solicitaron la ampliación de la Iniciativa Mérida a fin de enfrentar al crimen organizado con el apoyo del gobierno estadunidense.
El eficiente arrebato de la representante del gobierno de Barack Obama fue aprovechado por la enviada de Calderón, Patricia Espinosa, para imponer el compromiso transnacional de cabildear con el resto de los gobiernos del continente.
Ni duda cabe de que dicho mecanismo unificador profundiza notablemente el Destino Manifiesto —que desde 1824 ha fijado las acciones y objetivos de Estados Unidos en la región—, invocando para ello el crimen organizado, como eficiente sustituto de la amenaza roja que durante los años de la Guerra Fría sirvió de excusa.
En una lamentable conjunción de agendas e intereses, el gobierno de Calderón lega al pueblo de México una nación subordinada a los intereses de los Estados Unidos.
Es de suponer que la instalación del referido Centro de Operación propicie la regularización del indeterminado número de agentes estadunidenses que operan subrepticiamente en nuestro continente, que en el caso mexicano lo hacen al amparo de acuerdos que escapan al control legislativo, y bajo la figura de instructores o asesores de las fuerzas de combate contra el crimen organizado.
Si hace 67 años la agenda del gobierno estadunidense se impuso en el Acta de Chapultepec, en el 2012, el exabrupto de la secretaria Clinton determina la profundización del esquema de subordinación.
