Patricia Gutiérrez-Otero
Tiempos revueltos, tiempos de zozobra. Ahora le llaman “tiempos de incertidumbre”. Andamos a la deriva. No hay puertos firmes, ni puntos fijos. Las brújulas se han descompuesto, no sabemos en dónde queda el Norte ni el Sur. Y, aún así, seguimos viviendo y cumpliendo las reglas establecidas para cumplir el papel del buen engranaje que nos tocó jugar en esta sociedad o el de inconformarnos contra sus reglas siguiendo en esta sociedad, o salir de ellas y formar otra manera de sociabilidad y de ser persona, que va junto con pegado. Como dice bien el título de un libro del economista prodecrecimiento, Serge Latouche: Descolonizar el imaginario. El pensamiento creativo contra la economía de lo absurdo. Porque esta manera de vivir que creemos es la única, nos fue impuesta durante años y siglos de invasión colonizadora de nuestras creencias y pensamos que no hay otra forma de estar en este mundo, cuando sí la hay.
En México todo está de cabeza. Nos gobiernan quienes nos explotan y nos venden. Dejamos que lo hagan. Algunos segmentos de la sociedad se insubordinan. Pero caen bajo el peso de la ciudadanía inerte, la que cree que quedándose callada obtendrá o mantendrá ciertos privilegios, pocos o muchos. A los ciudadanos urbanos nos falta dignidad, sentido de comunidad, organización, sabernos unidos por lazos de pertenencia sea por sangre, sea por territorio, sea por humanidad o por animalidad. Por eso no nos juntamos en causas comunes, no apoyamos boicots ni mítines: cada quien trata de salvar el propio pellejo. En particular las clases medias —altas, medias y bajas—, hijas bastardas de lo que en un tiempo fue la pequeña burguesía —caracterizada por un gran esfuerzo laboral y por un muy bajo índice de consumo—, pero que con su actual manera de vivir, alejada de las “virtudes” de la pequeña burguesía, afectan a los clases bajas urbanas. Éstas no votaron por López Obrador pues les dijeron que es como Chávez, aunque cuando se les pregunta ¿quién es Chávez?, no saben contestar; o no votaron por el candidato de la Izquierda porque —dicen que les dijeron— él les quitaría sus casas o coches… A la pregunta de ¿cuántas casas tienen?, contestan diciendo: ninguna… La perplejidad de lo absurdo.
Sin embargo, morena sigue viva, #yosoy132 sigue vivo, el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad prosigue su caravana por Estados Unidos, los zapatistas siguen vivos, y muchos otros movimientos y pueblos que no cejan en su deseo de que los dejen vivir de otra manera que no sea la impuesta por el imaginario colectivo del capitalismo y el neoliberalismo. Por eso, y por tantos grupos que en sus localidades trabajan por salir adelante, seguimos creyendo, contra toda esperanza, que este sistema no nos aplastará y que recuperaremos la dignidad y el orgullo que nos han deshecho tantos siglos de vasallaje.
Además, opinamos que se respeten los Acuerdos de San Andrés Larráinzar, que se detengan las mineras a cielo abierto en México, en particular la de la zona sagrada de Wirikuta, que se investiguen los feminicidios de Juárez y de todo el país, que se prohíban los monopolios y el tránsito comercial libre de aranceles, que se haga una estrategia completa contra el crimen organizado, que se establezca una República fraterna.
