Esos fueron los días…

Guadalupe Loaeza

Me da una pena horrible pero del movimiento estudiantil del 68 no me acuerdo nada. Entonces desafortunadamente no era universitaria, no leía los periódicos y de vez en cuando veía a Jacobo Zabludovsky.

Además, en esos días andaba muy ocupada (y encantada) preparándome para ser una perfecta edecán de los Juegos Olímpicos mexicanos. Tenía que ir varias veces con la costurera porque el uniforme (era de las anaranjadas) me había quedado demasiado ajustado (era de poliester) y tenía que sacarle al jumper y meterle a la blusa (blanca de cuello Mao). En otras palabras estaba patidufuso (expresión de los sesenta).

Recuerdo que los zapatos (también anaranjados) de calzado Canadá eran horribles; tenían la punta completamente chata y una hebilla que no venía al caso, (parecían como los que usaba Cachirulo en Teatro Fantástico).

Sinceramente tampoco recuerdo haber platicado a propósito del conflicto de los estudiantes con mis amigos. Yo creo que ellos también veían en la tele a Jacobo Zabludovsky y leían El Heraldo de México. En esa época creo el reportero de sociales era Nicolás Sánchez Osorio. Su sección se llamaba Cuic en donde salía retratado todo el jet set mexicano.

Es evidente que en esas fiestas no se hablaba de huelgas universitarias, ni mucho menos de manifestaciones. Si acaso sus papás tocaban el tema en sus casas, decían cosas como: “lo único que están haciendo esas fuerzas subversivas del extranjero es estar orquestando una conjura para desacreditar a México en la proximidad de las olimpiadas”.

Para mí que repetían lo que le habían escuchado decir a Jacobo Zabludovsky. Lo curioso es que en esas reuniones, aunque no se hablara nada de política, me acuerdo que sí se burlaban mucho de Gustavo Díaz Ordaz, pero nada más se referían a su físico o a su vida personal. Que si parecía un chimpancé, que si era un bocón espantoso; que uno de sus hijos había salido rocanrolero; que si andaba con Irma Serrano, que si esto que si lo otro.

Sin embargo, en esos cocteles y durante esos días, sí existía un cierto temor, pero no por los estudiantes, sino porque no se hubieran podido llevar a cabo las olimpiadas.

“¡Ay, qué mala imagen está dando México al mundo!… Yo creo que el que está detrás de todo esto es el Obispón Rojo!… Dicen que Ramírez Vázquez está preocupadísimo porque ya llegaron los primeros invitados de la Olimpiada Cultural, decían entre ellos mientras a lo lejos se escuchaba la voz de Mary Hopkin cantando Those Were the Days.

Las más preocupadas éramos las que habíamos sido elegidas (entre muchísimas) para ser edecanes. A algunas nos daba mucha ilusión poder ocuparnos de tantos extranjeros; de pasearnos por la calle con nuestros uniformes y gafetes y de ir al aeropuerto a buscar las personalidades y de ser invitadas a los cocteles de bienvenida.

Entonces, para ser edecán de los Juegos no se necesitaban muchos requisitos (imagino que tampoco para los de ahora): uno o dos idiomas, tener tipo de gente decente, y conocer cosas elementales del país como por ejemplo: quién había sido Diego Rivera; en qué año había llegado Maximiliano a México; quién había sido el arquitecto del Camino Real; cómo se llamaba el presidente de los Estados Unidos; de dónde venía el tequila; cómo se llamaba el lugar donde había aparecido la Virgen de Guadalupe; cómo se llamaba la calle en el centro donde se fabricaba el vidrio soplado…

Mentiría si dijera que todas las edecanes eran tan fresas e inconscientes como lo era yo. Recuerdo que había algunas que sí se encontraban sumamente indignadas por la intromisión del Ejército a la Universidad Nacional Autónoma de México.

Después del 2 de octubre, lo que recuerdo que sí nos recomendaron muchísimo es que no nos refiriéramos para nada a la matanza. Esto nos resultaba muy difícil, ya que no obstante no estábamos nada informadas de lo que realmente había sucedido, porque el 3 habíamos visto las noticias de Jacobo Zabludovsky, se habían corrido muchos rumores acerca de todos los muertos, heridos y de los presos políticos que estaban encerrados en Lecumberri.

Me acuerdo que en una ocasión un periodista francés me preguntó cuántos muertos había habido en Tlatelolco. Entonces me puse nerviosísima y le dije lo que había dicho Jacobo: “que muertos casi no había habido ninguno; que quizá algunos heridos, pero no de gravedad; y que en realidad los pobres estudiantes habían sido manipulados por comunistas”.

Me acuerdo que el corresponsal me vio con absoluta incredulidad. Y con un modito horrible me dijo que estaba totalmente equivocada, que no tenía ni idea de lo que estaba hablando. Que uno de sus colegas de la revista Paris-Match le había mostrado muchas fotografías con decenas de muertos y de heridos muy graves. Me dijo que en algunas se veían a los soldados apuntando con sus rifles y a muchas señoras con niños que corrían por todos lados.

“Le sugiero que cambie usted de noticiario”, me recomendó furioso. Recuerdo que esa vez me sentí bobísima. Pero peor me sentí cuando después de algunas semanas (antes la prensa extranjera no llegaba tan rápidamente), vi un ejemplar de la revista francesa en el Sanborn’s de Niza. Efectivamente, allí estaban todas las fotos distribuidas en varias planas, las mismas de las que me había hablado el periodista francés. ¡Cómo me impresionaron! No lo podía creer. Eran aterradoras.

Al principio, cuando las vi, no sé por qué pensé que se trataba de una matanza en algún lugar de Africa, pero después cuando leí “Mexique”, me dio mucha tristeza y vergüenza. Me acuerdo que hasta pensé: “Híjole, sería buenísimo que las viera Zabludovsky para que las mostrara en su noticiario”. ¡Qué ilusa era!

Entonces yo no sabía que la televisión mexicana hubiera estado tan vendida y tan controlada por el gobierno. Lo que resulta muy llamativo es que durante años y años, Zabludovsky y Televisa siempre ocultaron lo que realmente había sucedido en Tlatelolco.

¡Qué raro que ahora después de tantos años, tres décadas, le dedique hasta programas especiales al conflicto de 68. Me pregunto en cuánto habrán vendido el espacio de la publicidad. Yo creo que en muchísimo dinero porque sabían que contarían con un súper rating, de allí que lo hubieran estado anunciado desde hace varios días. Ha de haber sido un negocio redondo.

Sin embargo, no puedo dejar de lamentar que en su momento no se haya cubierto la matanza con ese espíritu tan democrático y profesional como el que ahora quieren mostrar. ¿Qué pensarán, que somos tontos, qué? Aunque sé que antes esto hubiera resultado impensable, lo que me incomoda es que durante tanto tiempo Televisa se haya encargado de una información tan desvirtuada en relación con el movimiento estudiantil del 68.

Bueno, pero lo importante es que ahora mucha gente está descubriendo lo que realmente sucedió el 2 de octubre de 1968. A pesar de que todavía falta muchísima información y saber quiénes fueron realmente los responsables, pienso que para las nuevas generaciones es fundamental que conozcan parte de la verdad, aunque sea a través de Televisa.