Científicos del Instituto del Cáncer Duke en Estados Unidos

René Anaya

El 23 de septiembre, la revista Nature Chemical Biology publicó un estudio de investigadores del Instituto del Cáncer Duke, de Carolina del Norte, Estados Unidos, en el que se informó de un nuevo e inesperado procedimiento para producir nailon.

La noticia mereció la atención de la comunidad científica, no solamente por el hallazgo sorprendente, sino también porque reafirma la necesidad de fomentar y apoyar económicamente la investigación científica básica, ya que en cualquier momento puede surgir el descubrimiento o perfeccionamiento de procesos o metodologías que permitan mejorar las tecnologías existentes o crear otras para hacer más amable nuestra vida.

 

Una liebre saltarina

Los investigadores Zachary J. Reitman, Bryan D. Choi, Ivan Spasojevic, Darell D. Bigner, John H. Sampson y Hai Yan, encontraron por serendipia un nuevo método para sintetizar el nailon. La serendipia, según consigna Ruy Pérez Tamayo en su libro Serendipia, ensayos sobre ciencia, medicina y otros sueños, es la “capacidad de hacer descubrimientos por accidente y sagacidad, cuando se está buscando otra cosa”.

En la investigación científica y tecnológica abundan los ejemplos de la realización de grandes descubrimientos por medio de la serendipia, como el hallazgo del hongo Penicillium notatum, productor de penicilina, encontrado por Alexander Fleming mientras estudiaba el estafilococo dorado (Staphylococcus aureus).

Seguramente Fleming no fue la primera persona en observar que el hongo acababa con el estafilococo dorado, pero sí fue el primer investigador que relacionó estos hechos y concluyó que se trataba de un antibiótico. Probablemente otro investigador se habría molestado por la contaminación de su experimento con el hongo productor de penicilina, pero Fleming pudo interpretar correctamente el hallazgo.

Por esa razón, como decía Louis Pasteur, la suerte o el azar es de los preparados, ya que un fenómeno científico o cierto acontecimiento puede recibir la interpretación correcta siempre que el observador tenga un conocimiento amplio en la materia y lo sitúe en su contexto.

De esta forma se han producido avances en la investigación científica. Mientras se está en búsqueda de la confirmación de cierta hipótesis, se puede lograr un hallazgo útil en campos diferentes. Existen numerosos ejemplos de serendipia, como la utilización de microondas para cocinar, el teflón, los populares papeles adhesivos (post-it) y hasta el encuentro de Colón con el continente americano.

Así que la inversión en ciencia básica no necesariamente obtiene dividendos únicamente en el largo plazo, como plantean los empresarios pragmáticos de los países en desarrollo, que se niegan a financiar la investigación básica, en la que cuando menos se lo espera salta la liebre del conocimiento o de la tecnología, como ocurrió con la investigación de Reitman y colaboradores.

 

Del cáncer al nailon

En el Instituto del Cáncer Duke, los investigadores encabezados por Zachary J. Reitman, buscaban el origen de la producción del glioblastoma (tumor de las células gliales del sistema nervioso central), pero encontraron un camino más barato y ecológico para producir nailon.

“En nuestro laboratorio, se estudian los cambios genéticos que inducen a los tejidos sanos a enfermar y hacen crecer los tumores. El objetivo primario de esta investigación es comprender cómo se desarrollan los tumores, con el fin de diseñar mejores tratamientos. Como resultado secundario, un poco de la información que hemos descubierto en este proceso abre el camino para un mejor método para producir nailon”, ha señalado Reitman.

Efectivamente, entre 2008 y 2009 los investigadores identificaron una mutación genética en glioblastomas y en otros tumores cerebrales que alteran la función de la enzima (sustancia bioquímica que favorece o acelera una reacción bioquímica) isocitrato deshidrogenasa, muy importante para llevar a cabo la respiración celular.

Reitman y colaboradores tenían conocimiento de que el ácido adípico es un factor importante para la producción de nailon, pero su obtención a partir de derivados del petróleo es muy contaminante. Por tal razón, se ha estudiado la producción del ácido de forma menos agresiva al ambiente, por medio de una serie de enzimas, pero una de ellas, la deshidrogenasa 2, no se había podido sintetizar, por lo que quedaba truncado el procedimiento de obtención ecológica del nailon.

En esas condiciones, Reitman y colegas intuyeron que la mutación genética en glioblastomas podría causar un cambio funcional de la enzima homoisocitrato deshidrogenasa que podría conducir a la producción de la codiciada deshidrogenasa 2, para producir un nailon ecológico.

“Es emocionante que la secuenciación del genoma del cáncer nos puede ayudar a descubrir nuevas actividades enzimáticas. Inclusive los cambios genéticos que ocurren en unos pocos pacientes podrían revelar nuevas enzimas con útiles funciones”, ha afirmado Reitman, un investigador con suerte y preparación.