Ciudad de los Libros, Cineteca Nacional…

 

 

La madre del decoro, la savia de la libertad,

el mantenimiento de la república y el remedio de sus males es,

sobre todo lo demás, la propagación de la cultura.

José Martí

 

José Alfonso Suárez del Real y Aguilera

A diferencia de la controvertida gestión de Sari Bermúdez, y tras el polémico paso de Sergio Vela al frente de Conaculta, Consuelo Sáizar se supo rodear de un potente equipo de colaboradores que compartieron con ella su amor y compromiso por la cultura.

En abierto contraste con la megabiblioteca del arquitecto Kalach, auspiciada por Vicente Fox en terrenos de Buenavista, la histórica Biblioteca México-José Vasconcelos, de La Ciudadela, incrementó con los acervos personales de don José Luis Martínez, Antonio Castro Leal, Jaime García Terrés, Alí Chumacero y Carlos Monsiváis, su catálogo de consulta con esta gama de bibliotecas particulares que estarán accesibles al público en el emblemático edificio colonial que desde mediados del siglo pasado transformó su vocación militar por la literaria y que ahora constituye la Ciudad de los Libros y de la Imagen, concebida y consolidada por Sáizar y el comprometido equipo de la Dirección General de Bibliotecas que encabeza el maestro Fernando Alvarez Adel Castillo.

La polémica y graves irregularidades exhibidas en la Estela de Luz —obra que sin género de dudas exige la aplicación de sanciones correspondientes a quienes desde su inicio dieron rienda suelta a presumibles actos de corrupción en la edificación del monumento— no amilanaron al Conaculta cuando por decisión presidencial se le otorgaron las instalaciones subterráneas para hacer de ellas un centro cultural.

El resultado de esa convicción y pasión por el arte dio origen a un polo de artes visuales de un primerísimo nivel que, en manos de Grace Quintanilla, sorprendió a propios y extraños con una impactante muestra de arte digital y una extraordinaria sala de cine, dedicada a la memoria de Nelly Campobello, merecido homenaje a la bailarina y, tangencialmente, al demolido cine Chapultepec que por décadas atendió al público capitalino en el solar del que hoy emerge airosa la Torre Mayor.

Ni duda cabe que los capitalinos nos hemos beneficiado de la dinámica y audaz política de exhibición que la talentosa Paula Astorga ha generado con el apoyo de Sáizar y de Marina Stavenghagen desde la Cineteca Nacional,   cuyas instalaciones incrementarán la oferta de exhibición gracias a las ampliaciones arquitectónicas emprendidas, obras centradas en la dignificación de la memoria cinematográfica nacional, fortalecida a través del Laboratorio de Restauración Digital Elena Sánchez Valenzuela, de las nuevas bóvedas de almacenamiento del patrimonio filmográfico y del imprescindible Museo del Cine que ahí se construyen.

A la par de estas acciones, el programa de salas alternas que provocaron las obras de ampliación se mantendrá en las sedes que fueron integradas a esta extensión urbana de la Cineteca Nacional, lo que está garantizando el derecho de acceso a la cultura cinematográfica a los habitantes y visitantes de nuestra ciudad capital.

Estas y otras acciones emprendidas por Conaculta en esta administración dan prueba fiel de la convicción en que la propagación de la cultura remedia los males de la república y es savia de libertad para sus pobladores.