Criminalización de la vida común

Jorge Carrillo Olea

¿Por qué seguimos ensimismados en esta visión tan corta, por qué no aprendemos, por qué no reconocemos el horizonte de nuestros problemas? Seguimos entretenidos con los muertos de ayer y en los capos capturados. Nos duermen los hits del Ejército y la Marina, ¡pero ya no queda a quién meter a la cárcel! Y todo va a peor. A iguales factores iguales resultados. Más de lo mismo en heroicidad, más de los mismo en logros. Quizá estemos como la fabula china de la salamandra que corriendo en círculos se muerde la cola.

¿No darán las ciencias políticas y sociales para encontrar formas más racionales? ¿No darán para una interpretación de más fondo, de cultura nacional trascendente, para otro enfoque al problema?

Es terrible saber que Enrique Peña Nieto se apresta para montar una gendarmería o crear el Ministerio del Interior como instrumentos de solución. Desde Perú, lanza una centella que en la letra y en el tono de voz se refleja que no tiene nuevas ideas. Si ya se habían establecido estrategias integrales que Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón despreciaron, ¿por qué no hay la humildad de quererlas conocer, por qué tal soberbia?

Estamos verdaderamente ante la última llamada. No hay conciencia plena de que más allá de los narcos, la sociedad se está criminalizando, o sea que está en un proceso de procreación y desarrollo de individuos y grupos criminales. Ya no es sólo el crimen organizado, tal como lo especifica la ley, sino maleantes cada día más jóvenes que fueron seducidos por el encanto del dinero fácil. Las fronteras  entre el gran crimen y el pequeño crimen se disuelven. Numéricamente es la propia sociedad la que está generando a sus victimarios. Ya no es predominantemente el gran crimen el que secuestra, viola, roba, extorsiona, asalta, mata, todos los días y en todos lados.

La autoridad, al enfrentar a un delincuente, si puede lo consigna, y si lo consigna bien —pocas veces sucede— se le somete a juicio; pero nadie, con un criterio criminalístico, sociológico, de carácter preventivo, investiga de dónde salió, cómo se hizo delincuente.

Nuestra sociedad está cambiando a mal a velocidades pasmosas sin que ella se dé cuenta cabal de ello. Se duele de los indicios, todos ellos lastimosos, pero no acabamos de ver los amplios horizontes de esta colectividad en transformación  hacia el mal.

Aquel tan respetable esfuerzo hecho por la UNAM y el Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional —en su parte diagnóstica y propositiva— se expresa siempre en términos de una mejor seguridad y una mejor justicia en democracia por medio de la superación de los órganos responsables, policías y poderes judiciales. Pero ya desde entonces ese esfuerzo apuntaba a que la criminalidad tenía una base social creciente. Fue un ignorado esfuerzo que ratificaba la certidumbre de que la corrosión social marcha a pasos de cíclope.

Tan importante esfuerzo fue terminado sólo en agosto de 2011 y las circunstancias se han estrechado más y más. El gran crimen es ajeno en lo tácito a una sociedad que es lastimada por el delito común, cométalo quien lo cometa.

Estamos en un proceso de criminalización de la vida común. ¿De ello estará alerta el señor presidente electo?

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…Suspensivos. El PRI se vio obligado a amarrar principios: no a la democracia sindical, sí al continuismo de la corrupción y la vejación, al esclavismo…, al fin que nadie creyó que sería distinto. 

hienca@prodigy.net.mx