Seguiremos poniendo los muertos

Humberto Musacchio

William Brownfield, que en el gobierno de Barak Obama es subsecretario de Estado adjunto para asuntos internacionales de narcóticos, soltó una de esas declaraciones que moverían a risa de no ser los hechos tan trágicos. Entrevistado por El Tiempo, de Bogotá, dijo que en México “estamos viendo el principio del fin con la decapitación de los cárteles y la reducción de su capacidad de operación”.

De acuerdo con el feliz funcionario, en la Colombia en los años 80 y principios de los 90 se vivió una situación semejante, “pero entonces no se sabía que los actos de violencia eran una señal” de que las mafias estaban al borde del colapso. “Mi teoría —dijo el teórico— es que eso es lo que vemos en México hoy”.

Para el citado señor importa poco que cada año aumente la producción y trasiego de drogas en territorio mexicano, la exportación hacia Estados Unidos, el consumo interno acá y allá y el número de mexicanos muertos en esa guerra infame que corrompe a policías y funcionarios a ambos lados de la frontera. Pero vamos ganando.

Hay un mucho de perversidad en la visión de Estados Unidos sobre el combate al narcotráfico. Mientras que en ese país ya son varios estados los que han legalizado la producción y el consumo de mariguana “para usos médicos”, gobiernos sometidos a su coloniaje, como el de México, le hacen el trabajo sucio y sacrifican a connacionales con tal de mostrarse como buenos muchachos ante el imperio.

El propio señor Brownfield ofrece una muestra de la esterilidad de esa cruzada moralista, pues dice que así como las bandas criminales desplazaron su actividad hacia México cuando se vieron acosadas en Colombia, ahora que en México triunfa “la ley y el orden” quienes deben cuidarse son los países de Centroamérica y las Antillas, pues todo indica que el negocio “se va a mover hacia el Caribe”.

Don William, como buen político, es mentirosón, pues Colombia continúa siendo un gran productor de sustancias prohibidas y territorio de paso de la coca. En México, como bien sabemos, aumenta día a día la producción y el comercio de estupefacientes y la violencia de los cárteles y del gobierno federal es causa de un número de muertes que, según diversos cálculos, es de 60 mil, 80 mil, cien mil y hasta 150 mil.

Pero a las burocracias de Washington y de aquí les interesa que siga la matanza, pues gracias a ella disfrutan de inmensos presupuestos, injerencia en los más diversos asuntos y un poder que no tendrían si se despenalizaran las drogas. Y mientras tanto, seguiremos poniendo los muertos.