Aprender a convencer con argumentos

René Avilés Fabila

Las llamadas “izquierdas” podrían entender que no hay forma de ganar simpatías y respeto con sus métodos violentos y majaderos. Experiencias inútiles las tienen a montones. Estuvieron seis años insultando a Felipe Calderón. ¿Lograron quitarlo de Los Pinos? No.

Ahora van en pos de una eterna campaña contra Enrique Peña Nieto en la que nada más conseguirán aumentar su desprestigio. El debate provocado por la discusión de la propuesta de reforma electoral presentada por el presidente Calderón de nuevo mostró que los argumentos perredistas y petistas son mentadas de madre, decirle no a la “mafia del poder”, apoderarse de la tribuna mediante empellones y golpes y arrojar objetos contra sus rivales. Más de un diario los calificó como salvajes. Los demás ya están habituados a ese tipo de lucha política. Como si fuera poco, no obtuvieron ningún resultado positivo, ahora afirman que ganarán en las calles. ¿Con quiénes? ¿Con los jóvenes desorientados del Yo Soy 132, con los sindicatos sin empresa como los electricistas, con aquéllos que viven desde hace más de treinta años bajo la tutela o dictadura de los mismos dirigentes como los telefonistas y los universitarios?

Al PRD le molestan los sindicatos leales al PRI; tiene razón, son siniestros, pero ¿y los que rodean al PRD en busca de curules y más poder son una legión de ángeles? No. También son “charros” y explotadores, vividores a costillas de una clase que Marx y Engels vieron prometedora y que en México ha sido jineteada para que unos cuantos vivan como marqueses.

José Revueltas precisó en un espléndido libro que en México el proletariado no tenía cabeza, es decir, le faltaba un partido que lo dirigiera en función de sus intereses y de la toma del poder. Estamos muy lejos de ello. Revueltas se refería al Partido Comunista Mexicano a quien le criticaba su incapacidad para orientar a la clase trabajadora. Hoy, la situación es peor en manos de las supuestas “izquierdas” guiadas por expriistas y líderes que han probado su corrupción.

El debate entre quienes apoyaban la reforma laboral y aquéllos que la rechazaban careció de argumentaciones sólidas, pero el PRD y satélites fueron los peores, puesto que dentro de sus argumentos estaba la violencia, la injuria y la amenaza de salir a las calles del Distrito Federal, desde luego, donde consideran que es su campo de batalla natural.

El PRD necesita aprender a debatir sin insultar, a convencer con argumentos. Y si pierde porque no tiene la mayoría, pues que luche por tenerla, pero no a sombrerazos. Necesita darse cuenta de que ya pasaron los tiempos de tomar la tribuna, de insultar a las autoridades y a los opositores. Nada gana y es mucho lo que pierde. ¿Pero serán capaces los perredistas de notar que en cada toma de tribuna, en cada bajeza, con cada insulto, son ellos los que pierden?

Dudo que puedan cambiar, está en su naturaleza, y esa violencia con la que se conducen los llevará a la ruina dentro de tres años.

 

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