Está ya en el calor de la democracia
Obdulio Avila Mayo
Las leyes deben marcar el actuar de las personas que conviven y forman parte de una sociedad, buscar equilibrios y garantizar la prevalencia de la justicia. Los encargados de dictar estos preceptos deben tener estos objetivos muy claros y evitar que las leyes que deben ser guías de la conducta se conviertan en navíos de intereses particulares o arreglos ajenos al bien común.
Durante muchos años se ha venido hablando de las reformas estructurales como el paquete de herramientas necesarias para que México deje atrás los rezagos y libre los obstáculos que en materia económica, laboral, educativa, energética y de salud venía enfrentando.
Al poner en práctica la figura de la iniciativa preferente, se ha evidenciado que es necesario reformar también la manera en la que se legisla. Este proceso parecía un buen instrumento para combatir, de alguna manera, que iniciativas importantes tuvieran el destino de la mayoría de las propuestas legislativas: la afamada congeladora.
Existen infinidad de proyectos que en su momento fueron visionarios, resultado del análisis de legisladores que fueron capaces de advertir los retos. Algunos proyectos son reciclados, o peor aún desconocidos porque en el momento de ser presentados no existió el impulso suficiente o fue imposible generar los consensos necesarios para que se consolidaran en leyes.
México requiere ser reformado en sus prácticas, en la manera en la que las propuestas se elaboran desde el primer momento. Durante este sexenio, se privilegió la participación, el diálogo y el consenso, seguir abriendo los espacios de discusión y buscar que las distintas visiones encuentren los puntos coincidentes resulta imprescindible.
La responsabilidad de ampliar la convocatoria por parte de quienes elaboran las leyes tiene que ir acompañada de un compromiso, de igual magnitud, de quienes representan los distintos puntos de vista para alimentar los consensos y no buscar que priven intereses particulares que alarguen o entrampen el proceso.
El trabajo en las comisiones del Congreso de la Unión es uno de los menos conocidos por la ciudadanía y es junto con la fiscalización y la gestión ciudadana una de las principales tareas de los legisladores. Los nuevos legisladores tienen la oportunidad de vincular más fuertemente este trabajo con los ciudadanos, una mejor comunicación con los representados podría facilitar el respaldo de los proyectos de gran trascendencia.
En ambas cámaras, la de Diputados y la de Senadores, existe la necesidad de avanzar en consonancia con el México reformado, con una ciudadanía que quiere avanzar y superar prácticas que impiden dejar la era del hielo en el pasado. México ha entrado ya en el calor de la democracia.
Subsecretario de Gobierno/Segob
@obdulioA
