El polémico don Luis Echeverría/I-II

Jorge Carrillo Olea

Está por concluir un sexenio panista más y con ello una larga transición política que se inició en el año 2000. Muchas y justificadas esperanzas se abrigaron con ese cambio pacífico, algo inédito en la historia moderna mexicana, que por años se singularizó por cambios de gobierno cobijados por la violencia, las balas y las asonadas militares.

Sin embargo, la transición no ha permeado en el entramado social y los mexicanos tienen la sensación de que o fracasó o se quedó trunca. Subsiste la idea de que en los últimos doce años no ha habido ni rumbo ni claridad en las metas de gobierno. Palos de ciego parecen haber dado las administraciones del PAN.

Jorge Carrillo Olea, analista político —y político partidista en algún tiempo— dedica este y el siguiente artículo a reseñar lo que fue, en su criterio, el gobierno priista del licenciado Luis Echeverría Alvarez (1970-1976), al que califica de una administración con rumbo, diseño y capacidad para transformar las estructuras existentes. Un gobierno acaso el último que mejor representó lo que se denominó un tiempo el desarrollo estabilizador.


 

Cuánta falta nos hace una memoria crítica, pero no sólo aquella que aunque justa sea destructiva. Carecemos de aquella que nos concilie con el pasado o con partes del pasado que siendo luminosas, ciertas penurias de las que padece toda sociedad las han ocultado. Es el caso de Luis Echeverría Alvarez, uno de los expresidentes más mal recordado, aunque esta palabra es inexacta; se recuerda bien o mal lo que se conoció y, en este caso, muchos de los vituperantes de hoy no saben a qué techo de cristal lanzan sus piedras.

El sexenio que presidió tuvo un diseño, hubo un proyecto y hubo una capacidad creadora muy significativa. Su diseño de gobierno transformador tocó desde las bases fundacionales, transformadoras, hasta la facilitación del reconocimiento a grandes potencias mundiales o la apertura de oportunidades de formación académica a sectores marginados de la sociedad.  Hubo tremendos errores, el discutirlos no es fin de estas líneas.

Se expone sólo parte de una cadena de realizaciones que igual se dio en la política exterior que en la interior o en la de desarrollo. Es difícil detectar otro encadenamiento de creatividad y de realizaciones concretas, vivas y productivas. Es útil y saludable para la memoria nacional el recuperarlo. No es sólo un acto de justicia hacia Echeverría sino hacia la memoria política nacional tan necesitada de fortalezas.

Reformó la Constitución en sus artículos 4, 5, 30 y 123 para ampliar los derechos de la mujer más allá de los de sufragar. Creó los estados de Baja California Sur y Quintana Roo, antes territorios.

En materia educativa, el sexenio de Echeverría (1970-1976) dio inicio a una época de crecimiento sin precedentes de la educación media superior y superior, que se afrontó con una política de apoyo a la creación de nuevas instituciones en esos niveles: Colegio Bachilleres, el de Ciencias y Humanidades, las escuelas profesionales de la UNAM y la Universidad Autónoma Metropolitana con sus tres campus.

Súmense el crecimiento expansivo de universidades públicas y de institutos tecnológicos en los estados. En la educación primaria se efectuó una reforma curricular y se elaboraron nuevos libros de texto; se aprobó también una nueva ley federal de educación superior. Se crearon el Centro de Investigación y Docencia Económicas, el Instituto Nacional de Educación de Adultos y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología con su Sistema Nacional de Investigadores.

Con lar educativa, avance único, se superó el veterano y admirable enciclopedismo, se abrió todo el país de manera expansiva a la educación tecnológica al crearse sistema Nacional de educación tecnológica, de la cual los institutos tecnológicos, hoy son más de 200.

En materia social, casi nada: creó el Infonavit, el sistema de salud de las Fuerzas Armadas. Se expandieron Cnasupo, Fonacot e IMSS. Se creó la Procuraduría del Consumidor.

Desarrolló una gran infraestructura física que es trabajo y progreso con perspectiva social, ejemplo: la carretera transpeninsular Los Cabos-Tijuana, creó Iztapa-Zihuatanejo, Cancún y el puerto industrial de Lázaro Cárdenas, que no deben verse con  la cortedad de sólo un desarrollo turístico o industrial, sino en su dimensión de un proyecto de redistribución demográfica con un desarrollo sostenible en materia de empleos tecnificados.

Igualmente sustantiva resultó su obra en otros espacios, como las relaciones internacionales, que se tratarán en el siguiente espacio.

 

 

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