El polémico don Luis Echeverría/II y última
Concluye con esta entrega, el repaso general de lo que fue la administración del presidente Luis Echeverría Alvarez (1970-1976). Carrillo Olea dice que en materia de política exterior, el régimen de don Luis fue creativo e imaginativo, y la presencia de México en el mundo sobresalió a los primeros lugares.
En memoria de Manuel Tello, embajador emérito.
Jorge Carrillo Olea
Honrar honra, le hubiera gustado a don Luis Echeverría que alguien lo propusiera. La frase es de José Martí. Sí, los héroes están fatigados. Otra frase, en este caso del cine francés. Y no porque yo haya visto en el personaje precisamente un héroe y menos fatigado, sino porque como aquellos caudillos, luchadores hasta la consunción, ha estado frecuentemente en ese factor de injusticia que son el rumor, las hablillas, el sólo decir, evitando así que no sea la historia analítica, justiciera la que lo defina ante la posteridad.
En él su pasado se prolongó a su presente. Esa fue su tragedia. Muertos todos los otros actores de México 68, a él parece que se le imputa todo. Se aborrece la memoria de Gustavo Díaz Ordaz, pero se intentó llevar a juicio a Echeverría. Esto, justo o no, que es otra historia, acabó ocultando la obra imaginativa, creativa de su gobierno.
En materia internacional, quién quiere recordar que amplió la superficie nacional en dos millones de kilómetros cuadrados, al hacer valer nuestra tesis mediante su promoción al derecho del mar como convención o tratado multilateral ante la ONU, creándose así nuestra zona económica exclusiva. Otra cosa es que hasta hoy continúen abandonadas e inexplotadas sus pesquerías, minerales, corrientes y vientos.
Se ha decidido olvidar que se aprobó en la Asamblea General de esa propia instancia multilateral la Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados, propuesta mexicana, carta de ética internacional que ratifica nuestros otrora admirados principios de política exterior. Se aprobó con 120 votos a favor, 6 en contra (de EU) y 10 abstenciones.
Es una tesis de ética internacional que sostiene que “todo Estado tiene el derecho soberano e inalienable de elegir su sistema económico, así como su sistema político, social y cultural, de acuerdo con la voluntad de su pueblo, sin injerencia, coacción ni amenaza externa de ninguna clase y que todo Estado tiene y ejerce libremente soberanía plena y permanente, incluso posesión, uso y disposición, sobre toda su riqueza, recursos naturales y actividades económicas”.
Lo que hoy parece un absurdo gracias a la gran relevancia que hoy tiene China en el mundo político y económico, es que ese coloso no existía en el concierto internacional. Estados Unidos y otras potencias así lo habían decidido. Simulamos por 30 años la existencia de la China milenaria y enorme sosteniendo las relaciones de México con Taiwán. Pero promovido por él México apoyó la entrada de China a la ONU.
El presidente Echeverría habló en la XXVI Asamblea General en octubre de 1971 a favor de otorgar un asiento a la República Popular China en el Consejo de Seguridad, dijo: “La soberanía y la integridad territorial de la República Popular China son jurídicamente indivisibles”. Sin alardear de causa-efecto, en ese mismo mes China fue reconocido e integrado al Consejo de Seguridad.
El 15 de noviembre de 1971, la Secretaría de Relaciones Exteriores anunció que las relaciones entre México y la República de China (Taiwán) quedaban terminadas. El 14 de febrero de 1972, México estableció relaciones diplomáticas con la República Popular de China.
Al inicio de su administración se tenían relaciones diplomáticas con 67 países y él elevó el número a 160. Estableció el primer acuerdo de cooperación económica con la naciente Unión Europea. Integró a México con carácter de observador al Grupo de los No Alineados. Creó el Instituto Matías Romero de Relaciones Exteriores.
Esta fue en síntesis su obra en política interior, exterior, de desarrollo y social. Queda su evaluación a quienes sin prejuicios la quieran medir para su propio registro; otra cosa fueron los yerros nunca olvidados.
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