Luis Beatón
Muchas cosas impactan al que se encuentra ahora en Siria, nación sometida a una brutal crisis de violencia pero, en especial, golpea la situación de la infancia, sector no excluido de las acciones terroristas atribuidas a bandas armadas, con el inconfundible sello de la organización Al-Qaeda.
Tal vez por inocencia, los niños sirios mantienen su alegría aún cuando cerca ronda la muerte, e incluso cuando se escuchan explosiones y el sonido de los disparos de las armas, ellos corretean detrás de una pelota y no pierden la frescura de la edad.
Las imágenes del atentado terrorista ocurrido en una autopista en un barrio de la capital, el 10 de mayo último, mostraron que la violencia tampoco excluye a lo más tierno de la población; entre los 55 muertos y más de 372 heridos también había niños.
Cuadernos ensangrentados y el paisaje desolador dejado por las dos explosiones en la mañana de ese jueves, atestiguaban que la mano sanguinaria igualmente había cobrado víctimas entre los pequeños.
A algunos metros del lugar, algo alejado de la tragedia dos niños, quizás entre siete y ocho años, sonreían para que se les tomara una imagen fotográfica, inocentes de cuánto aún estaba por llegar para su pueblo.
Después vinieron otras jornadas trágicas, y no se olvidará la masacre de Houla, ocurrida el 25 de mayo, donde fueron asesinadas 108 personas, incluidos 49 niños y 34 mujeres, y donde las evidencias apuntaron hacia las bandas armadas, apoyadas con todos los medios por naciones occidentales y las monarquías del Golfo.
Las imágenes de dos pequeños, menores de 10 años, recordando la tragedia se mantuvo por varios días en la portada de la agencia árabe siria de noticias SANA, quizás como recordatorio gráfico de la maldad contra menores inocentes.
El tema de la situación de la infancia resurgió nuevamente durante una sesión pública realizada el 19 de septiembre por el Consejo de Seguridad de la ONU para discutir el informe del Secretario General, titulado “Los niños y los conflictos armados”.
El embajador Bashar Jaafari, representante permanente de Siria en esa organización, defendió la posición de su país y el apego a las normas internacionales para el cuidado y protección de los “retoños” de su pueblo.
Jaafari expresó su preocupación por el XI informe del Secretario General sobre los niños y los conflictos armados, el cual, dijo, incluyó información falsa promovida por la saliente representante especial para niños y conflictos armados, Radhika Coomaraswamy.
Creemos que el informe mencionado es poco profesional y deshonesto y, está escrito por personas motivadas a ofender a Siria, dañar su reputación y su cumplimiento a las obligaciones con la organización internacional sobre la protección de los niños y poner fin a la violencia contra ellos en los conflictos, dijo.
Denunciamos la politización de este importante asunto humanitario, agregó. Los autores del informe, planteó, deberían probar lo que hay en él con evidencias y hechos en lugar de acusaciones y alegaciones cuyo origen son los medios de comunicación hostiles a mi país.
La autora del informe insistió en responsabilizar a los aparatos militares y de seguridad de todos los actos de violencia contra los niños y acusó a estos dispositivos de bombardear las escuelas y asesinar y mutilar a los menores, haciendo caso omiso deliberadamente a decenas de informes políticos y mediáticos, señaló.
Al contrario del gobierno, los grupos armados -con un fuerte componente externo- reclutan niños en sus filas y los impulsan a portar las armas y a participar en los actos terroristas, denunció el diplomático.
El propio secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, reconoce que hay acusaciones creíbles de que grupos armados reclutan a niños en sus filas.
Con el fin de preservar a su más joven generación, Siria es signataria de la Convención sobre los Derechos del Niño y del Protocolo Facultativo de la Convención sobre Derechos del Niño, relativo a la participación de los menores en los conflictos armados, desde el 2003.
Recientemente, el 16 de septiembre, los jóvenes sirios iniciaron el curso escolar 2012-2013 pero, para esa fecha, informes del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) atestiguan que más de dos mil 70 escuelas y guarderías infantiles habían sido saboteadas por las bandas armadas.
Incluso, algunas televisoras como Telesur, desde Alepo, mostraban cómo los grupos irregulares convertían escuelas en cuarteles desde donde partían sus acciones en esa ciudad del norte del país.
También Jaafari denunció en Nueva York que los grupos armados violan los derechos de los niños y muchas veces impiden su evacuación de algunos barrios, como ocurrió en la ciudad de Homs, en presencia de los representantes del Comité Internacional de la Cruz Roja Internacional, y donde eran rehenes.
En otra muestra de la violencia contra los niños, grupos armados bombardearon una escuela primaria en Damasco, “como un regalo de ellos para los niños en el primer día del actual año escolar, lo que causó heridas a decenas”.
No oí a nadie hablar de ello por parte de los “defensores” de la infancia y del derecho a la educación, y no nos sorprenderá que algunos acusen al gobierno de esto, como sucede por costumbre, alertó el diplomático sirio ante el Consejo de Seguridad.
Con relación a lo que enfrentan los jóvenes y niños sirios, no pasa por alto lo que algunos llaman “Jihad sexual”, consistente en la búsqueda de niñas entre 14 a 16 años de edad, que viven en los campamentos de “refugiados sirios” en Turquía y Jordania, para venderlas a portentosos hombres del Golfo como objetos de placer.
Esta situación se une a la violación de menores sirias por guardias de Turquía en los llamados campos de refugiados en ese país, y que estimados conservadores sitúan en cerca de una centena.
