Entrevista a Manuel Espino/Exdirigente nacional del PAN
Antonio Cerda Ardura
Ante la ausencia de partidos políticos en México que estén respondiendo a las demandas actuales de la sociedad, el Partido de la Concertación Mexicana pretende ser un auténtico instrumento de los ciudadanos y no del poder o de los grupos cupulares del poder.
Esto lo afirma Manuel Espino, exdirigente nacional del PAN, quien acaba de publicar su libro El poder del águila. De la lucha por la silla presidencial a la concertación mexicana (Miguel Angel Porrúa).
Espino, quien en enero próximo solicitará al Instituto Federal Electoral (IFE) el registro del nuevo partido político, que ya cuenta con un millón de adherentes, conversó con Siempre! sobre su libro y su nueva organización, y aseguró que el presidente Felipe Calderón abandona su gestión con las manos manchadas de sangre.
Sin estatura de estadista
En su nuevo libro, El poder del águila, en el que usted indica que no tiene un afán revisionista de la historia política de México de las últimas décadas, en particular criticó duramente la decisión irreflexiva del presidente Felipe Calderón de lanzar el Ejército contra la delincuencia organizada, ¿cuál es la gran falla que tuvo Calderón como presidente y como persona?
En realidad lo que hago es compartir una opinión política del desempeño de quienes han ejercido el poder presidencial, reconociendo las cosas que han hecho bien. Por ejemplo, de Calderón reconozco que logró mantener la estabilidad económica pese a la crisis financiera mundial, pero que no tuvo nunca la capacidad de salirse de la posición de líder partidista para convertirse en estadista. Eso es más que evidente, porque, al asumir el papel de dirigente partidista, tomó las decisiones más importantes que le correspondía tomar al PAN y desatendió, a cambio, la función presidencial. Eso lo llevó a cometer errores de manera sucesiva, porque quiso ser jefe de Estado, jefe de Gobierno y jefe del partido a la vez. Por eso llevó al PAN a la debacle y a las derrotas más estrepitosas de su historia, al imponerle dirigentes y candidatos que no tenían arraigo entre la militancia, o arraigo social. Como jefe de Estado, bueno, simplemente hay que ver la opinión pública que se ha generado en torno a su desempeño, lo que me hace creer que Felipe Calderón le sale debiendo a los mexicanos, sobre todo porque él, que entró como el presidente de las manos limpias, se va como el presidente de las manos ensangrentadas. Las cifras oficiales hablan de alrededor de 70 mil muertos, pero las reales por lo menos son del doble.
Es un gran problema.
No hay que ocultarlo. Yo no conocí personalmente, por ejemplo, a Porfirio Díaz. Tuve que basarme en la investigación, en lo que han dejado de herencia los historiadores, los cronistas de la vida pública del país, y tuve que investigar el desempeño de Gómez Morín, de Calles, o de Morelos en su tiempo. Pero de Felipe Calderón no tuve que investigar, me consta. Eso lo viví.
Eso hace una gran diferencia.
De ese episodio he sido actor, he sido testigo presencial, y de muy cerca.
Después de que perdió la Presidencia, ¿qué va a ser del PAN?
Yo no sé que vaya a pasar con el PAN, pero por lo menos, tengo la tranquilidad, la satisfacción de que al partido le dije hace cuatro años, en reuniones, en muchos espacios de reflexión interna, en diversos artículos periodísticos y en un libro que se llamó Señal de alerta: “Si no dejamos de lado las prácticas que están desprestigiando al partido, vamos a terminar mal”. Y creo que el PAN terminó peor que como yo lo supuse entonces. Pero por lo menos fui de los pocos que en voz alta y en voz baja, en público y en privado, se lo advertí. Yo propuse alternativas de solución a la dinámica autodestructiva que estaba viviendo el PAN hace cuatro años y de entonces a la fecha. Pero, finalmente, a muchos les ganó el miedo a enfrentarse a la opinión del presidente Calderón. Les ganó el exceso de confianza y el PAN terminó peor que como yo lo llegué a imaginar. Así que si ahora el PAN no se corrige y sigue en la misma actitud de solamente reflexionar, pero no apostar la voluntad para la transformación de su dinámica interna y de su forma de vincularse con la sociedad, pues no me extrañaría que en 2015, y espero que no sea premonición, pase de 114 diputados que tiene ahora, a 70 o menos.
Uno más
¿Qué papel va a jugar usted en la democracia mexicana?
En el proyecto que estamos promoviendo muchos en todo el país, mi papel va a ser simplemente el de facilitador. Voy a facilitar el diálogo entre quienes piensan distinto y que tienen interés en ser parte de este proyecto, voy a facilitar la eficacia de las acciones que tiene que hacerse para que el partido nuevo logre su registro. La experiencia que me ha dado la vida política voy a apostarla al cien por ciento en ese propósito. Mi tarea no va a ser un papel relevante de dirección nacional, ni para marcar la ruta a seguir. Seré uno más aportando lo que, como ya lo he dicho, la experiencia me ha dado.
¿No tiene la preocupación de que este partido que usted encabeza se construya a su alrededor, como sucedió al principio con Cuauhtémoc Cárdenas y el PRD?
No, de ninguna manera. Este es un partido que no resulta de la escisión de otro. Es un partido que surge de manera natural, cuando diversas expresiones políticas y sociales coinciden en la apreciación de que el sistema de partidos ideológicos, como está funcionando hoy en México, ya es un modelo agotado y ya no da más, porque dificulta los acuerdos y el avance institucional; se genera controversia innecesaria, y la política gira en torno de la confrontación y no del acuerdo. Nosotros queremos iniciar una nueva etapa del país con un nuevo sistema de partidos políticos, no ideológicos, donde importe la ideología, pero que se reconozca que ésa es una libertad personal de los ciudadanos. Queremos hacer un partido en el que las ideologías sean importantes para los militantes, pero no un partido de un solo color, de una sola visión, sino plural, incluyente, que sea el refugio de la diversidad que hay en nuestro país y que, efectivamente, represente al México de hoy, de ricos y de pobres; de gente que piensa; de izquierda o derecha; socialdemócrata o demócrata-cristiana; liberal o conservadora, pero que eso se respeta porque está en el ámbito personal de cada ciudadano. Como equipo, queremos privilegiar las coincidencias en lo social. A todos nos interesa resolver la violencia, la inseguridad del país, el desempleo y la deficiencia en la calidad educativa. Será un partido eminentemente programático. Así que no es comparable al ejemplo de lo que sucedió cuando Cuauhtémoc Cárdenas se desprendió del PRI. Enojado porque no había logrado una candidatura presidencial, promovió una escisión del PRI que derivó en un nuevo partido político.
¿Cómo luchar contra la opinión generalizada de que el modelo de partidos ha fracasado, contra ese desengaño de los partidos políticos?
El diseño del partido que promovemos es totalmente distinto al de los partidos que están hoy en el escenario político nacional. Es distinguible de los demás, porque no es de cúpulas, sino de militancia social, con arraigo en las comunidades, que están trabajando en resolver las necesidades del barrio, la colonia, el sector y el gremio. Este es un partido que, a diferencia de otros, no es burocrático, sino horizontal; no es de juntas, asambleas o de reuniones internas, sino de contacto directo con los ciudadanos; no es de tribus, donde pesa más el líder que tenga más adeptos, sino un partido de perfiles y de liderazgos. Aquí pesa la experiencia, la capacidad de realizar las cosas y el liderazgo real en términos de propuestas e ideas, y no de cuántas masas se mueven. No es un partido con tendencia a la manipulación de grupos, o que esté comprometido con un gobierno o una ideología. Queremos aspirar a la competencia electoral y a los puestos de elección popular, para que de ahí representemos los intereses de la sociedad y no los del que gobierna o los del cacique, que es el gran líder. Seremos un auténtico instrumento de los ciudadanos y no del poder o de grupos cupulares de poder.
Autonomía plena
¿Qué tanta distancia tendrán usted y su partido con el nuevo presidente?
La distancia será la que las circunstancias marquen. Si el presidente hace las cosas bien y no hace falta que se le acompañe o se le aconseje, pues no será necesario estar cerca. Si el presidente necesita eventualmente opinión, apoyo, acercamiento para enriquecer las políticas públicas, en esa medida estaremos cerca. Pero, insisto, siempre con autonomía plena, no como un partido del gobierno, sino como un partido que acompañe al gobierno en aquello que sirva a la sociedad. No hay ni un solo partido en este país que esté respondiendo a las demandas actuales de la sociedad mexicana, que es plural, diversa y que no tiene partido con el cual identificarse. Por eso, apenas hemos lanzado ante la opinión pública nacional la información del concepto de partido y ya hay miles de líderes y muchísimos ciudadanos que se han adherido a lo que será el Partido de la Concertación Mexicana.
