Gerardo Yong
En la Biblia aparece un pasaje donde Jesús se encuentra con un hombre que le pregunta cómo puede alcanzar la vida eterna. Tras recomendarle que respete los mandamientos el individuo, quien era de una familia acomodada, afirma que él ya ha cumplido con estos desde su niñez. Entonces, Jesús le recuerda: “una cosa te falta, anda, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres, y entonces tendrás riqueza en el cielo; luego ven y sígueme”. Se dice que el hombre se retiró triste y afligido, sencillamente… porque era rico.
Esta historia es muy actual si uno lo aplica a los especuladores financieros, también llamados financistas, que son responsables del quebranto de empresas y la economía de naciones enteras, ante el afán desmedido de lucro. En este proceso, entran diversos actores, desde los empresarios que buscan hacer negocios turbios, hasta los prestamistas que colocan dinero a réditos elevados e incluso, los bancos, que ofrecen productos como seguros que nunca bonifican o préstamos que se vuelven impagables por cláusulas que confunden a los usuarios que los aceptan. Potencias mundiales también han aprovechado estas crisis económicas para lograr beneficios estratégicos en países terceros que, de otra forma, no los hubieran podido conseguir.
Modelos económicos
Desde que la frase “Laissez faire, lassez passer” (Dejar hacer, dejar pasar) fue acuñada para impulsar las actividades mercantiles en el siglo XVIII, ésta ha regulado el destino de la economía mundial, en sus diversas presentaciones como el capitalismo tradicional, comunismo, socialismo, fascismo, burocratismo, neoliberalismo, corporativismo, economía de mercado, globalización, etcétera. El economista Adam Smith, considerado el Padre de las Teorías de Libre Mercado, llegó a mencionar la existencia de una “mano invisible” que guiaba a la economía, específicamente la capitalista. Al parecer, se refería a un cierto tipo de actitud egoísta que, si era conducida de manera responsable, podría ayudar al desarrollo de la economía, y por ende, de la sociedad en su conjunto.
La mano de los financistas
El catedrático y analista geopolítico, Alfredo Jalife Rahme, señaló que la crisis de Estados Unidos, originada por el sector inmobiliario, ocasionó la ruina de muchas familias al perder sus hogares en una ola de embargos. En 2008, este efecto se extendió hacia otras regiones, entre estas, la Unión Europea, la cual todavía sigue padeciendo los estragos de la falta de liquidez de varios de sus miembros como Grecia, Portugal, Irlanda, Italia y España..
“Fue como si estos financistas jugaran a la ruleta, sólo que esta vez les tocó a los países desarrollados, lo que significa que esas personas o asociaciones crediticias no respetan a nadie en su intento por obtener ganancias desmedidas. Sin embargo, las grandes potencias sufrieron esta vez la misma situación que hicieron pasar a la comunidad internacional cuando a ellos no les pegaba la crisis y podían salir a ayudar económicamente para obtener ventajas estratégicas o comerciales sobre los países afectados”.
BRICS, tierra antifinancista
El bloque denominado BRICS, integrado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, ha sido el único que ha podido sortear, de alguna manera, los actuales problemas financieros. Esto se debe a que fueron capaces de distanciarse del capital especulativo y buscar un sistema más equilibrado, hacia una economía sostenida y con un cambio monetario más controlado; un lugar nada deseable para los especuladores.
El pasaje bíblico mencionado anteriormente concluye de manera contundente cuando Jesús asegura que “es más fácil que un camello pueda pasar por el ojo de una aguja, a que un rico pueda alcanzar el cielo”. Una alegoría semejante se podría decir de los financistas, es más fácil que estos busquen nuevas formas de seguir desestabilizando la economía mundial, a que puedan sumarse a una nueva arquitectura financiera basada en el fomento a la cooperación política, el comercio justo, el crecimiento sostenible y con una visión a futuro que los colocará dentro de las principales potencias económicas hacia el año 2050.

