Ricardo Muñoz Munguía
(Primera de dos partes)

El filme que dirige Luis Mandoki, La vida precoz y breve de Sabina Rivas, es de un apego importante a la novela La Mara, de Rafael Ramírez Heredia. La película deja un sabor a desolación, a angustia. Las imágenes así, directas, crudas, dejan una herida en la mirada. Mandoki y el reparto estelar dejan apreciar un excelente trabajo. Trabajo que, en nuestro caso, abre tres panoramas: la novela, una charla con el autor y, finalmente, la película; tres panoramas que no dan gran diferencia del infierno vivido en nuestra frontera con Guatemala. Precisamente, sobre esta novela charlamos con el autor en el año 2005. Algunos fragmentos, a propósito de La vida precoz y breve de Sabina Rivas, de lo que en aquella ocasión nos relatara Ramírez Heredia, vale la pena destacar. Los mareros tienen una vida, “La Vida Loca”, la que se afianza en la frontera de México con Guatemala. Sobre tal fenómeno el autor de El Rayo Macoy apuntaba: “Los tatuajes en los nudillos significan La Vida Loca, es esa su filosofía. La filosofía implica que la vida está loca porque puede durar hasta el siguiente segundo. A ellos no les importa perder la vida como tampoco matar al de enfrente. Eso implica de alguna forma en que estos individuos están sujetos a sus propios códigos que no están muy bien establecidos porque no creo que tengan la mentalidad para estructurar una tesis filosófica pero es absolutamente nato, aflora este tipo de cosas y lo van escuchando de los mayores pues si van entrando jovencitos a las bandas o, mejor dicho, al fenómeno social. Y en este fenómeno se van excluyendo las vidas, es decir, son seres que tienen el tiempo medido o comprado y cada segundo que pase es segundo ganado. No importa el más allá. Esto, por fortuna, parece desgraciado pero es fortuna porque lo que ha sucedido hasta este momento, no sé más adelante, nadie se ha logrado colocar como el gran líder, el que de alguna manera haga que esta gente camine en una sola dirección, tengan un mismo concepto, una misma idea porque entonces hay trescientos mil guerreros de la muerte dispuestos a acabar con lo que se le ponga enfrente. Por fortuna son tan caóticos en su pensamiento, las bandas están desmembradas porque se conforman veinte hoy y mañana ya son otros veinte, parte de éstos cambiaron a otra, es decir, no siempre son los mismos salvo algunos amigos que pueden andar por otro tipo de conceptos, de amistad preferentemente. No han logrado tener una coherencia, en el momento que la tengan van a sufrir muchísimo los gobiernos centroamericanos y yo creo que el gobierno mexicano tampoco se ha querido dar cuenta, está pensando en este momento en mil problemas antes de echar la mirada hacia al Sur, si al Sur no han echado la mirada nunca, menos la van a echar en este momento”. Una mirada que aún, siete años después de lo que nos decía el escritor tamaulipeco, no sólo no se ha puesto, sino que se ha transformado en mayor violencia; un fenómeno que se agrava y que, por ende, habrá de explotar en algún momento.