Cambios sustantivos, dignos de atención

Jorge Carrillo Olea

El primer golpe de timón de Enrique Peña Nieto es la restructuración de la administración pública federal. Hay cambios sustantivos, dignos de atención como el intríngulis en que se convirtió a la Reforma Agraria que debiera haber desaparecido en serio. Pero no, no se atrevieron a atacar una “obra de la revolución”. Siendo ésa una decisión por demás enigmática, no ha tenido atractivo mediático. Lo que ha atraído la atención es el regreso de la Policía Federal a su casa original: Gobernación.

El cambio que en otras fechas sería relevante hoy es estruendoso por lo menos por  las siguientes reflexiones: 1. Sí, se crea una poderosa secretaría, a la altura de sus responsabilidades legales y de ella se espera mucho en términos de profundizar la democracia, hacer respetar los derechos humanos y sus garantías y crear un ambiente de armonía social.

2. Mucho en ese cambio es algo que suele no reflexionarse y que de no resolverse con tino puede frustrar el intento básico: hay una enorme carga de funciones conceptuales, políticas, jurídicas y administrativas de reordenación como requisito para lograr la eficiencia. Tarea abrumadora que demanda de talento, experiencia y mucho trabajo.

3. Hubiera sido deseable que se explicara en dónde quedan las fuerzas armadas, relevadas en lo jurídico por la nueva estructura de lo que les atribuyen sus leyes orgánicas: garantizar la seguridad interior. Anticipando que nadie piensa en su repliegue para mañana, sí es válido aceptar que la buena ley debe estar concebida para trascender en el tiempo. ¿Entonces, en este país tan sui generis, a qué se dedicará un cuarto de millón de hombres cuando llegue la hora?

4. Por qué no se aprovechó la ocasión para por lo menos avenir las duplicadas, discordantes y friccionantes responsabilidades que comparten las fuerzas armadas y que son motivo de pugnas y competencias absurdas, ya que se eludió la solución de crear un mando unificado.

5. Dónde quedó el tan anunciado bálsamo de una gendarmería de la que tanto se habló.

Pero obviamente y para responder a lo anterior debió haber habido razones que  argumentar en la exposición de motivos, y es ahí donde se crean dudas: 1. Por qué no se tomó en consideración el Art. 1/o Frac. II de la Ley Orgánica del Ejército y Fuerza Aérea. Ahora resulta que son dos las secretarías que deben garantizar la seguridad interior, así con ese énfasis, rompiendo una viejísima norma de no dividir una responsabilidad. Sí, absurdamente así quedó planteado. 2. Reiteradamente se señalan las facultades de la secretaría para operar directamente con los municipios. Seria definición pues abona a la ruptura del orden institucional. México es una federación de estados, no de municipios. Si ya hoy los presidentes municipales gracias a holguras de controles presupuestales hacen lo que quieren y muchos gobernadores al sentirse desresponsabilizados de cualquier control se muestran felices, ¿qué será ahora?

Dos cosas más brincan de la exposición y para bien. Al secretario, de hecho se le dan facultades de jefe de gabinete al poder concertar y coordinar a sus miembros.  Se le da personalidad jurídica al jefe de la oficina de la presidencia, funciones nunca formalizadas y que hasta hoy además de enigmática, la oficina es una figura con grandes poderes y ninguna responsabilidad exigible. Por fin emerge en la ley. ¡Bien!

Y finalmente, que no es materia legislativa pero de lo que todo el mundo habla. ¿Quiénes serán los príncipes que ocuparán  tales sitiales? Seguramente algunos con fuerte personalidad y maduro respeto y reconocimiento nacionales, con formación y experiencia acreditadas en múltiples tareas semejantes, claro que serán algunos de quienes el sólo invocar su nombre concitará  simpatías y tranquilidad. ¡Así será, seguramente!

 

hienca@prodigy.net.mx