Termina su gestión

Humberto Musacchio

Marcelo Ebrard se va y deja una ciudad a oscuras, llena de baches, con obras sin terminar en diversos rumbos, con ocurrencias costosas, negocitos para oscuros beneficiarios y un desastre de tránsito que causa la pérdida de millones de horas-hombre por día.

Ebrard termina su gestión como jefe de gobierno del Distrito Federal y hay que abonarle los valientes aciertos de la primera hora, cuando promovió exitosamente el respeto a la diversidad sexual mediante el reconocimiento legal de las parejas independientemente de su sexo y la adopción por matrimonios gay.

Debe ser motivo de orgullo para los capitalinos que en la ciudad de México no se criminalice a las mujeres que deciden abortar y que en ese caso incluso se les proporcione servicio médico gratuito, lo que, contra los pronósticos catastrofistas, ha ocurrido en número infinitamente menor de lo que se suponía. Ese es otro mérito de Ebrard.

Con una gran voluntad política se propuso impulsar la construcción del segundo piso del Periférico, obra que Andrés Manuel López Obrador dejó en un solo tramo. Lo que no parece plausible es que al cobrarse cerca de dos pesos por kilómetro se convierta, muy probablemente, en la vía más cara del mundo, y no para beneficio de la tesorería capitalina, sino de los inversionistas privados que hacen negocio con el espacio público.

Lo mismo puede decirse de la colocación de parquímetros en las colonias elegantes del poniente de la ciudad, otro negocio de particulares que ha desalentado el empleo del automóvil —lo que está muy bien—, pero que al mantener ocupados los carriles de estacionamiento no ha representado ninguna mejoría de la vialidad.

Otro enjuague más que turbio es el que llevó a poner en pleno Chapultepec la estatua de Aliyev, el dictadorzuelo azerbaiyano, a cambio de algunos millones para remozar la plaza de Tlaxcoaque y hacer alguna otra obra que le corresponde realizar al gobierno de la ciudad con los impuestos que pagamos los capitalinos. Para colmo, al depositarse la nada desinteresada aportación azerbaiyana en un fideicomiso, ese dinero es automáticamente inauditable. Bendita opacidad.

Haría bien don Marcelo en aclarar quiénes son los dueños del negocito de los parquímetros, de las bicicletas o del segundo piso o en qué bolsillos pararán los dineros venidos de Azerbaiyán. Si pretende continuar su carrera política, tendrá que informarlo y deslindarse de los beneficiarios. De no ser así, tenemos derecho a pensar que será otro exgobernante capitalino que nunca sufrirá pobrezas. ¿O me equivoco?