Plan de la Concertación Mexicana
Manuel Espino
Esta nueva etapa que iniciamos los mexicanos es una oportunidad inmejorable para retomar uno de los fundamentos de la transición hacia la democracia: el empoderamiento de la política local, tanto en sus vertientes ciudadanas como gubernamentales.
Hasta hace escasos años, los gobiernos locales habían venido conquistando espacios de manera lenta, pero firme y aparentemente inexorable. A pesar de nuestras múltiples diferencias ideológicas y programáticas, uno de los grandes puntos de unidad entre todos quienes libramos la lucha por la transición fue precisamente el acabar con el centralismo omnívoro y autoritario.
Independientemente de talantes liberales o conservadores, de partidos o colores, hicimos ondear con fuerza las banderas de la autonomía de los municipios y la soberanía de los estados.
De hecho, cada ayuntamiento y cada gobierno estatal que eran ganados por la oposición en las urnas comenzaban a ser escuelas de ciudadanía, territorios políticos en los que vecinos y organizaciones cívicas aprendían a ser tomados en cuenta, escuchados y valorados como parte decisiva del actuar gubernamental.
Este poder cívico sufrió un retroceso tan brutal como rápido en el último sexenio, en el que se reinstalaron viejas prácticas centralistas desde el Ejecutivo federal y se comenzó a hablar de un “feuderalismo” incongruente con los valores de la democracia.
Precisamente por ello entre los valores esenciales de quienes suscribimos el Plan de la Concertación Mexicana se encuentra el revitalizar a los poderes locales. Hemos detectado con toda claridad que uno de los obstáculos más grandes en el camino hacia la democracia genuina es el que tantas y tan importantes decisiones se toman con una visión centralista, así como se imponen programas escritos en la frialdad de un escritorio, desde el cual las selvas de Chiapas y el desierto de Sonora se visualizan con escasas diferencias.
Igualmente perniciosa es la costumbre, generalizada en los últimos seis años, de “saltarse” a las fuerzas políticas locales e imponerles candidatos y estrategias desde el centro del país, a través de decisiones cupulares que no solo son contrarias a la dignidad humana, sino que también generalmente resultan erradas.
Por todo ello, el nuevo partido nacional que impulsamos se está construyendo desde la base, desde cientos de miles de voces diferentes que hoy son una sola, fuerte, plural y respetuosa de las comunidades locales.
Porque nuestra concertación es entre ideologías diversas, sí, pero también una concertación de pueblos, de regiones, de ciudades, de estados, en la que todos tienen voz, espacio y respeto.
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