Los trabajos de Hércules para Peña Nieto
Jorge Carrillo Olea
Cuántas bifurcaciones, trochas y ramales estará encontrando Enrique Peña Nieto. Muchas las advertía con esperanza de ser triunfos pero que no han salido ni saldrán, otras que ni siquiera vislumbraba lo apremian. Unas cómodas e indudables, otras que se antojan retos imposibles y sin embargo, de algún modo, inevitables en su enfrentamiento.
Pero en el fondo de su horizonte acaban siendo sólo dos sus alternativas generales y ambas pasan por su decisión y energía para trascender. Resulta medio pleonástico pero así es, le tocó un periodo que de manera natural lo pone en la disyuntiva de intentar ser un gran presidente o conformarse con ser un mediocre más. El quid está en que el sistema de vida del país simplemente se terminó. Ese es el gran tema. Primero aceptarlo, después encararlo.
El país se gastó, dirían en Yucatán. Visto así cualquier decisión medio atrevida es insuficiente. Inútil por definición. Se necesita realmente una regeneración total inspirada en los grandes momentos de la patria y sus grandes actores. Lucidez y valor para enfrentar las grandes luchas, un proyecto asentido por los más.
Le esperan los trabajos de Hércules, pero por lo menos Hércules era semidiós, célebre, viril, fortísimo, valiente y tenía cuates en el Olimpo. El estará sólo o acompañado de quienes con su olfato y talento logre conjuntar, pero se antoja sin el menor sentido peyorativo que cualquier cuadrilla de que se dote resultará corta. De ese tamaño son los problemas a enfrentar, y de manera singular ya sus enemigos reales empezaron a enseñar los colmillos. Léase el inaudito desplegado del Consejo Coordinador Empresarial, o la carta cínica de Joaquín Gamboa, líder de la CTM. Para Ripley: en el fondo, capital y trabajo abogan por la corrupción.
Hay problemas perfumados y problemas pestilentes y ya se advierte la inclinación de sus asesores por los primeros. Es natural, es cuestión de la selectividad tan propia del ser humano. ¿Pero y los pestilentes, que además de dominio técnico requieren enorme empeño y disciplina férrea? ¿Quién va a limpiar los establos de la Procuraduría General de la República?
Esta, sin exagerar, es la peor muestra que pueda ofrecerse de ese diabólico coctel que resulta de sumar corrosión, corrupción, ineptitud y sobrecarga de trabajo. Simplemente hay que repasar la imagen de sus últimos procuradores. Desde Jorge Madrazo hasta la señora actual, pasando por Macedo, Cabeza de Vaca, Eduardo Medina Mora, Chávez Chávez y la señora Morales. ¡Cuál se salva! Por una u otras razones, ¡ninguno!
Pero no estaban solos, los presidentes los consintieron y hasta alentaron en sus abusos y omisiones. Sin que nadie les tronara el chicote hundieron ese barco que es una de las instituciones inamovibles de un Estado hasta llevarlo a lo que hace poco más de una década hubiera sido absolutamente inimaginable. Madrazo no persiguió a los responsables de la exhumación clandestina de La Paca y sí inventaba delincuentes como corresponde al exombudsman que era. Hoy a la señora Morales se le escapa un muerto, o se le vuelven niebla los hechos de Tres Marías.
Honesta y cándida reconoce que “la realidad nos rebasó” (22 de octubre de 2012) y ¡claro!, si ha habido 92 mil averiguaciones en curso en este sexenio por homicidios dolosos, 73 mil 460 tienen “información validada” y 18 mil 588 con información en proceso de validación. Es decir, de 18 mil y pico no tenemos idea. De esos 73 mil 460, sólo se iniciaron 62 mil 580 averiguaciones previas. Es decir: unos 11 mil mexicanos muertos más no merecieron ni investigación formal aun y cuando tenían “información validada” (Milenio, 22 de octubre).
La ley se quedó atrás, no ayuda. La corriente de delitos federales se convirtió en catarata pero los pasados procuradores nada hicieron para resolver el intríngulis de que el delito federal no es el que así lo prescribe la ley, sino el que la ley debe prescribir como tal. El portar o comerciar un arma, poseer un kilo de marihuana o despedazar un puente no debieran ser delitos federales y así muchos más, pero…
Volviendo al dilema para no decir a los muchos dilemas del presidente electo: a quién, a qué mezcla de Merlín, Cicerón y Hércules va a nombrar procurador. Es verdaderamente incandescente el problema. Esa especie de ser extraterrestre, con todas las cualidades el mundo, tendrá que simultáneamente abatir la impunidad como lo ha prometido Enrique Peña y cambiarle las ruedas al tren en movimiento. Esto es, procurar justicia y lavar los establos al mismo tiempo.
Se desea la mayor claridad de juicio al presidente electo en esta decisión, sólo habrá un camino y tiene que ser el bueno.
hineca@prodigy,net.mx
