Mentiras y verdades a medias para jalar agua a un molino político.
Carlos E. Urdiales Villaseñor
Cual pelota de ping-pong, las reformas a la Ley Federal del Trabajo fueron aprobadas en el Senado en proporción de votos de 99 a favor y 28 en contra. Y la reforma salió, a empujones y descalificaciones, pero salió.
Los bloques parlamentarios que permitieron darle vuelta a la página en esta primera y sufrida iniciativa preferente fueron los grupos del PRI, PAN, PVEM y Panal; en contra estuvieron PRD, PT y MC. La otra iniciativa preferente de esta primera tanda que envió el Poder Ejecutivo al Congreso fue la de contabilidad en los estados y municipios, que ya pasó ambas aduanas legislativas por lo que será ley a partir del 1 de enero del año próximo.
Respecto a la ley laboral quedan varios pendientes en el imaginario de la opinión pública. Acabar con el cacicazgo de Elba Esther Gordillo en el SNTE, controlar los excesos de Carlos Romero Deschamps en el de petroleros y dotar de prudencia a sus descendientes para que no nos restrieguen públicamente sus riquezas frente a nuestras miserias. Moderar el mal gusto de líderes como Victor Flores, Francisco Hernández Juárez, Valdemar Gutierrez y otros, por exhibir permanentemente su vocación de potentados venidos a más bajo las banderas de la defensa de los trabajadores.
Pero ni al SNTE ni a otros se les iba a tocar con la reforma planteada como preferente por el presidente Felipe Calderón. Los acomodos y arreglos de las últimas semanas consolidaron un régimen metaconstitucional de poder y arraigan la costumbre del mal menor frente a lo que viene. Que si la democracia interna de los sindicatos, que si la manera de elegir a sus representantes no es otra cosa que cortina de humo para no mirar donde se debe: la estructura financiera y contable de los mismos colectivos.
Las cuotas sindicales no son voluntarias, son impuestas. Si lo mismo en los grandes que en los chiquitos se dejara a la voluntad del trabajador aportar una cuota para su sindicato, la discusión sobre si el secretario general es elegido a mano alzada, a chiflidos, a votos o a mentadas, sería secundaria. La clave está en el dinero que reciben y que transforma toda la lógica de su estructura y accionar a la de un gran negocio.
Cuántos pesos más o cuántos pesos menos es el tema que guía a esos merolicos del gran sindicalismo mexicano. Herencia cultural arraigada en nuestra infinita capacidad de ver y vernos víctimas del imperialismo gachupín, yanqui, capitalista, empresarial, panista, priista o lo que acomode, según el caso.
La reforma laboral ha quedado atrás y es deseable que no pasen otros 42 años antes de que ese marco normativo se ajuste a la realidad cambiante de la economía, de la demografía y de circunstancias por demás diferentes de cuando se pensaba que toda la letra de las conquistas laborales quedó grabada en piedra. Ver los dolorosos pero reales ajustes de marcos similares en el resto del mundo.
Ahora a prepararnos para la demagogia que vendrá cuando se presenten futuras iniciativas preferentes en materia energética. Prepárese general Lázaro Cárdenas, ya que su nombre e ilustre memoria saldrán una vez más del armario nacional para detener los afanes entreguistas de los que durante 70 años han estado bajo el servicio de los extranjeros que se niegan a reconocer nuestra independencia y valía como raza de bronce. Vendrán las mentiras y verdades a medias para jalar agua a un molino político o a otro.
Esas discusiones, la energética y la hacendaria, deben ser atendidas con gran esfuerzo por parte de la sociedad tratando de escuchar el fondo, las voces que critiquen o apoyen con base en argumentos, con datos, cifras y casos. Pero eso es un poco tedioso y complejo. Así que se abren las puertas para las mantas que resumen en un par de descalificaciones los asuntos más elaborados de nuestro andamiaje legal.
Objetivos y herramientas para alcanzarlos deben ser la esencia de toda discusión. Ojalá seamos capaces en el conjunto —sociedad y medios— de llevar el debate a esos terrenos, muy a pesar de los que diluyen lo sustantivo en lo superfluo.
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