Juan Antonio Rosado
En una carta a Xavier Villaurrutia del 8 de mayo de 1933, Gilberto Owen (1904-1952), afirma desde Bogotá: “Estoy improvisándoles una literatura, un arte, un partido político, casi un mundo. Y sé que, si lo logro, me van a correr también de aquí. Me iré a Panamá, a Chile, a Cuba, qué sé yo. A hacer lo mismo, a pensar en México —tú, mis amigos es México— cada día más lejos, más en la fábula”. Owen enarboló la bandera latinoamericanista en los años treinta, pero sigue siendo una faceta poco conocida del autor de “Simbad el varado” y del “Libro de Ruth”. Por fortuna, se han publicado las prosas escritas por Owen en Bogotá, entre 1933 y 1935; la selección, el prólogo y las notas, a cargo de Celene García Ávila y de Antonio Cajero. Un rasgo que une a los miembros de Contemporáneos es la voluntad de estilo, la implacable autocrítica. Lo anterior acaso explique el que Owen haya olvidado sus textos de la prensa colombiana. Quizás el poeta pensó que eran textos “de oportunidad”, sin valor estético permanente. No obstante, lo que Owen publicó en la prensa colombiana posee valor estético y no sólo histórico. El poeta, encargado del consulado en Lima desde el 6 de abril de 1931, es acusado de intervenir en asuntos internos. La legación se traslada a Panamá a mediados de 1932. El Owen marxista, quien había leído El Capital con Jorge Cuesta en su juventud, despierta en Lima. Allí conoció a Víctor Raúl Haya de la Torre, fundador en 1924 de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (apra), con fines antiimperialistas. Owen se contagió —como él afirma— de “sarampión marxista”. En Ecuador, fue acusado de intervenir en la política interna. Destituido de su cargo, siguió defendiendo las causas del apra. En 1933, en Bogotá, Owen colabora en El tiempo. Se trata de un artista comprometido con la situación latinoamericana, de un hombre vinculado a su realidad histórica, política y social. En “Filipinas en su víspera”, denuncia el pernicioso paternalismo de los Estados Unidos. En “Sandino y Goliat”, se refiere a la “rapacidad de Wall Street” y afirma que “hay que luchar primero con la traición de dentro de casa”. Sus artículos, crónicas o testimonios recobrados revelan a este miembro de Contemporáneos como una de las voces de América. Owen deja de ser un poeta comprometido sólo con su arte, con la forma de expresar la palabra esencial, y se transforma en artista cabal, integrado a su momento histórico. Se vuelve —como diría Elías Canetti— un “sabueso de su tiempo”.
Gilberto Owen en El tiempo de Bogotá, prosas recuperadas (1933-1935), Selección, prólogo y notas de Celene García Ávila y Antonio Cajero, Universidad Autónoma del Estado de México / Miguel Ángel Porrúa, 2009; 313 pp.
