Juan Antonio Rosado

El deceso de José Luis Martínez, uno de los grandes mexicanistas del siglo pasado, no significó un hueco en los estudios en torno a la obra y figura de Alfonso Reyes. Ya antes de esta lamentable pérdida para la crítica literaria en México, una serie de jóvenes se nutría de la casi inabarcable obra de Reyes. Entre ellos, uno de los más destacados y asiduos visitantes de esa mansión, o mejor dicho, de ese continente aún no del todo explorado, ha sido Adolfo Castañón, para quien el autor de Visión de Anáhuac es, por su penetrante humanismo, el “Erasmo mexicano”. En Alfonso Reyes: caballero de la voz errante, el polígrafo regiomontano aparece como una figura que añade nuevas resonancias a un repertorio previo. Su trabajo literario, para Castañón, utiliza la “teoría de los armónicos”: un poema hace resonar en nosotros reminiscencias de otros poemas e ideas. Dividido en cuatro partes, desde “El padre de Reyes” hasta el artículo titulado “Alfonso Reyes y la traducción”, el recorrido es a la vez minucioso y ameno. Es de notar la secuencia dedicada a algunos epistolarios, que nos ayuda a dilucidar el mapa vital de la geografía humana por la que transitó el autor de Ifigenia cruel, y que lo apoyó para conformar su personalidad de hombre y escritor. La prosa fluida, seductora de Castañón es también heterogénea. Al principio, aderezada por un corrido intercalado en su discurso base, a manera de coro que lo replica; luego, el diálogo con otras autoridades y geografías; a menudo, poemas y anécdotas, así como crítica de la crítica. Estos ingredientes ilustran y enriquecen las situaciones expuestas o narradas, y nos hacen viajar no ya por una isla o continente, sino por un mundo, un universo. Reyes vertió a “mexicano” la cultura universal de su momento y ganó “para la cultura de la Revolución Mexicana la herencia literaria y cultural de una comunidad políticamente derrotada”. Este proyecto fue compartido por muchos de sus contemporáneos, pero Reyes, entre otros aspectos, quiso hallar en el mundo clásico un modo de acercarse a lo mexicano, y encontrar en el hispanismo “la vuelta a las raíces nacionales”. A pesar de que buena parte de su obra sea paráfrasis o refundición, “el genio del idioma” sigue ahí: la “felicidad de la frase”, el intento de escribir en cada frase un título y de lograr la “expresión insólita”, la “sobriedad ostentosa”, entre otros anhelos o rasgos que inyectan durabilidad a sus textos. Todo lo anterior —y otros muchos aspectos— hacen del libro de Castañón un documento esencial para sumergirse más en las raíces de nuestra modernidad.

Adolfo Castañón, Alfonso Reyes: caballero de la voz errante, edición ampliada, corregida y revisada, Academia Mexicana de la Lengua / Juan Pablos Editor / Universidad Autónoma de Nuevo León, México, 2012; 580 pp.