Gastón Martínez Rivera

 Este 22 de diciembre de 2012 se extinguió la fructífera vida de Alonso Aguilar Monteverde.

Siempre que alguien muere tendemos a resaltar sus virtudes, pero al maestro Aguilar -como le decíamos casi todos los que lo conocimos- algo que en verdad le incomodaba y le parecía banal era la adulación o exaltación personal. Lo que esencialmente le interesaban eran los principales problemas para avanzar en la lucha por transformar de fondo nuestro país y se preocupaba cotidianamente del apoyo a los procesos de transformación y a las luchas que se libran en Latinoamérica.

Es imposible intentar en este breve artículo un recuento de todo lo que impulsó con una dedicación ejemplar, aquí solo mencionaremos algunas de sus principales aportaciones en la construcción de múltiples esfuerzos políticos:

Al poco tiempo de su ingreso a la Escuela de Derecho en la Universidad Nacional en 1939, funda y dirige, junto con otros, la Agrupación Revolucionaria de Estudiantes (ARDE) que refleja el interés de algunos jóvenes por impulsar, desde su campo la lucha, el pensamiento y la acción política progresista, influidos,  por el ambiente popular y antiimperialista del cardenismo. En la ARDE destaca la participación activa de Emilio Krieger, José Rogelio Álvarez y Fernando Rosenzweig, Raúl Álvarez y Manola Garín, Jesús Reyes Heroles, Luis Echeverría, Francisco de la Peña, Antonio Canchola y otros.

Al disolverse la ARDE, mientras unos se suman al PRM, otros, entre ellos Alonso Aguilar, ven con entusiasmo la aparición del semanario Combate-que dirigía Narciso Bassols con Víctor Manuel Villaseñor, Ricardo J. Zevada. Manuel Meza Andraca y Emigdio Martínez Adame- y deciden apoyarlo. Como subraya Alonso Aguilar,Combate denunció desde sus primeros números que el gobierno de Ávila Camacho se deslizaba hacia la derecha, se abandonaban las posiciones más consecuentes y que era el momento de actuar políticamente y cerrarle el paso a esa tendencia que pretendía desmontar las reformas cardenistas con claro sentido popular y antiimperialista.

Ya a finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta, Aguilar analiza los cambios desfavorables que se están produciendo en Estados Unidos en la revista mensual Política que dirigía Luis Corral Sarabia y en el periódico El Nacional y en otras publicaciones y medios.En relación con Narciso Bassols, Víctor Manuel Villaseñor, el cubano Carlos Rafael Rodríguez y otros coopera en la creación del Movimiento Mexicano por la Paz, en consonancia con la constitución del Consejo Mundial por la Paz. Dichos esfuerzos surgen en virtud de la nueva situación mundial que amenaza otra confrontación bélica, ahora con la URSS y con los nuevos países socialistas, agresividad generada en la posguerra por el anticomunismo ostentado por diversas fuerzas reaccionarias dominantes en Estados Unidos e Inglaterra.

Funda con Bassols y otras personas la revista Índice, que se dedica al análisis de problemas de México, Latinoamérica, Estados Unidos y del mundo de entonces y, posteriormente a mediados de los cincuenta participa en la creación del Circulo de Estudios Mexicanos que a la postre llega a contar con cerca de 400 profesionistas, intelectuales y artistas, dicho organismo analiza y promueve el estudio de los grandes problemas de México e internacionales al grado que el Circulo es invitado a participar en la reunión de Suecia de 1958 del Consejo Mundial de la Paz.

Cuando se produce la revolución cubana, Alonso Aguilar es de los más entusiastas. Su solidaridad con este proceso lo lleva a entrar en relación con personajes claves de dicha revolución, incluida una cordial y respetuosa con muchos dirigentes de ese admirable proceso como El Che Guevara. La solidaridad de Aguilar con la revolución cubana y con las luchas por la transformación de Nuestra América lo caracterizaron hasta su muerte.

En gran medida por el impulso a las luchas latinoamericanas y latinoamericanistas propiciadas por la revolución cubana, a principios de los años sesenta participa activamente, junto con el general Lázaro Cárdenas, en la organización de la Conferencia Latinoamericana por la Soberanía Nacional, la Emancipación Económica y la Paz.

Poco después de la realización exitosa de dicha Conferencia presidida por Lázaro Cárdenas, Aguilar, junto con otras personas y organizaciones políticas y de trabajadores del campo y la ciudad, inician los trabajos para la organización del Movimiento de Liberación Nacional (MLN) que se crea finalmente en agosto de 1961.

Alonso Aguilar fue nombrado coordinador general del movimiento y lo dirigió durante sumejor etapa por más de tres años. Es indudable que el MLN constituyó la fuerza política de izquierda más importante de nuestro país en muchas décadas. Y fue sin duda una de las principales acciones políticas en las que Alonso Aguilar mostró sus capacidades como hombre de  pensamiento profundo y acción política trascendental.

En la dirección del MLN participaron personas como: Ignacio Aguirre, Clementina B. De Bassols, Narciso Bassols Batalla, Cuauhtémoc Cárdenas, Jorge Carrión, Fernando Carmona, Heberto Castillo, Carlos Fuentes, Luis Prieto, Fernando Benítez, Enrique González Pedrero, Elí de Gortari, Jacinto López, Manuel MarcuéPardiñas, Manuel Meza Andraca, Carlos Sánchez Cárdenas, Manuel Terrazas y otros. El MLN desaparece a mediados de los años sesenta por contradicciones internas y por la presiones de los gobiernos de López Mateos y de Díaz Ordaz.

A mediados de los años sesenta, cuando el MLN pierde impulso, Aguilar, junto con Fernando Carmona, Jorge Carrión, Horacio Zalce, Bernardo Castro Villagrana y Guillermo Montaño proyectan la creación de la editorial Nuestro Tiempo con la finalidad de producir estudios sobre el capitalismo, el imperialismo y el mundo de aquellos días. Nuestro Tiempo produjo más de 700 libros, la mitad de ellos títulos originales, con un tiraje de casi dos y medio millones de ejemplares. Pudo sostenerse durante 37 años, a pesar de ser una editorial independiente y no lucrativa, porque llega a contar con 170 socios –incluido el que esto escribe que formó parte del comité editorial por más de un año- cuyas aportaciones económicas en casi todos los casos no fueron retiradas, sino siempre reinvertidas y por la alta calidad de sus publicaciones y sus autores, pero sobre todo por la inteligencia, el trabajo desinteresado y la dedicación de Alonso Aguilar.

Los libros de la editorial Nuestro Tiempo representaron en México y en algunos países de América Latina, una invaluable aportación al análisis de la realidad y a la formación teórica y política de muchos jóvenes y personas interesadas en los problemas de México, de América Latina y del mundo.

En 1968, Aguilar se solidariza con el movimiento estudiantil. Yo mismo, que participé en el Consejo Nacional de Huelga (CNH), la dirección política del movimiento, lo conocí  en octubre de ese año a propósito de una coincidencia en posiciones políticas en torno al qué hacer en una coyuntura crucial para el movimiento. A partir de que finaliza el movimiento estudiantil, tres ex miembros del CNH empezamos a reunirnos sistemáticamente con el maestro Aguilar a discutir problemas de México y el mundo, y a esas reuniones el maestro invita a su compañero y amigo de muchos años Fernando Carmona, que era director todavía del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, y a quien yo ya conocía desde agosto de aquel año.

Aguilar multiplica las reuniones con nosotros y con otros compañeros y nos propone, a principios de 1972, la posibilidad de trabajar en la dirección de crear una revista de análisis político, que a la postre será Estrategia. Pero además el sentido de dicha publicación no era solo de difundir análisis de la realidad, sino de convertirse en un instrumento político organizador de nosotros y de muchos jóvenes, luchadores sociales, dirigentes políticos y personas interesadas en transformar el injusto estado de cosas.

Las posiciones políticas forjadas en esos años fueron cruciales y su terrenalidad, comprobada en múltiples luchas obreras, populares y estudiantiles, en donde nuestros compañeros tuvieron importante influencia. Por lo mismo, el grupo inicial fue creciendo. Antes del lanzamiento de Estrategia, una veintena de compañeros, tuvimos, bajo la dirección de Aguilar, una serie de seminarios, discusiones y análisis que forjaron un mínimo de unidad y cohesión, lo que permite que Estrategia surja como una revista con una posición política definida.

Estrategia se publica durante 19 años y se convierte en un instrumento organizador político con presencia en diversos sectores en distintos lugares del país y logra construir una organización de algunos cientos de cuadros, cuya participación política va a ser importante y a veces definitoria en diversas luchas de trabajadores, estudiantes y agrupamientos populares.

En 1987 el maestro Aguilar propone la constitución de una organización política: el Movimiento del Pueblo Mexicano (MPM) cuyo llamamiento público en la prensa nacional firmamos, encabezando una lista de una veintena de personas: Víctor Bernal, Luis González Sousa, Josefina Morales y el que esto escribe, Gastón Martínez Rivera.

El movimiento crece en distintas partes del país y en 1988 decide apoyar la candidatura a la presidencia de Cuauhtémoc Cárdenas. Sin embargo, a pesar del impulso que cobra en el primer año de vida, el movimiento empieza a sufrir serias dificultades para su crecimiento, tanto por la difícil situación política y el surgimiento de nuevas fuerzas políticas, como por errores en el diseño de las acciones políticas a llevar adelante. La crisis del socialismo de Europa del este y el derrumbe de sistema político y social en esos países, habrán de incidir también en el rápido debilitamiento del MPM.

En los años noventa, Aguilar, junto con ex Canciller del gobierno revolucionario guatemalteco de los años cincuenta de Jacobo Arbenz, Guillermo Toriello, proyectan la creación de la Asociación por la Unidad de Nuestra América (AUNA) con la finalidad de impulsar la mayor relación e integración, económica, cultural, sindical, social y política de América Latina. Dicho proyecto logra algunos avances en ciertos países, pero donde al parecer alcanza cierta relevancia es en México, principalmente por el trabajo del maestro Aguilar que es quien incorpora a cerca de un centenar de las aproximadamente 200 personas que forman parte de este esfuerzo, que logra una presencia relevante en distintos sectores sociales, culturales y políticos.

A raíz del cierre definitivo de la editorial Nuestro Tiempo, el maestro Aguilar invita a los socios que así lo deseen a ceder los recursos de sus acciones para el apoyo a investigaciones y a investigadores independientes que trabajen sobre asuntos de interés latinoamericano y desde luego en problemas nacionales, a lo cual accedemos la mayoría de los ahora ex accionistas de Nuestro Tiempo. Es así que surge el Centro Mexicano de Estudios Sociales (CMES) que trabaja y publica interesantes materiales en los años noventa y en la primera década de este siglo.

Antes de enfermar, el maestro apoyó nuestra iniciativa de crear una nueva revista de análisis político, con la idea de invitar a personas respetables de distintas posiciones políticas de la izquierda. No solo se sintió parte fundamental de dicha revista al grado de que el mismo sugiere el nombre: Pueblo Unido, sino que escribe, a pesar de sus serias dificultades de salud, algunos importantes artículos para nuestra publicación.

Todavía en esas difíciles condiciones escribe un largo artículo sobre la Revolución Mexicana para la prestigiada revista de cultura y ciencias sociales cubana Temas; además un ensayo para el libro La crisis actual del capitalismo, que publicamos en 2010 por medio de la editorial Siglo XXI.

Alonso Aguilar no solo fue promotor de múltiples esfuerzos políticos, de los cuales sólo mencionamos algunos relevantes en esta nota, también hizo grandes contribuciones al pensamiento social latinoamericano, que por razones de espacio dejamos para otro momento, ya que en sí dichas contribuciones teóricas y analíticas exigen un recuento más cuidadoso. Aguilar aporta, indudablemente, una manera creadora de aplicar el marxismo y el leninismo. Rompe con las repeticiones no creativas y muchas veces no marxistas de algunos investigadores que suelen no trabajar con base en la idea de que “el alma del marxismo es el estudio concreto de la realidad concreta” como solía decir Lenin.

México y América Latina pierde a un hombre de pensamiento y acción que dedicó, como pocos, su vida, su energía, su talento, no al beneficio personal, sino a las mejores causas de nuestro tiempo.