Elmer Mendoza/Autor de Nombre de perro

Eve Gil

Nombre de perro (Tusquets, México, 2012) es el tercer libro de una saga que su autor, Elmer Mendoza, jamás se propuso hacer, y empieza con Balas de plata, novela ganadora del III Premio Tusquets Editores de Novela, y continuó con La prueba del ácido.

Originario de Culiacán, Sinaloa, donde nació en 1949, Mendoza afirma que no fue sino hasta esta tercera entrega de las aventuras y desventuras del Zurdo Mendieta, un detective duro y romántico que confiesa haber llorado con El amor en los tiempos de cólera, que decidió que esto sería una saga.

La trama

“Para mi sorpresa —dice Elmer—, al concluir Balas de plata, seguí escribiendo. En la novela policiaca es muy difícil poner punto final, pero yo necesito planear, pensar. Cuando conscientemente me decidí a hacer una segunda novela con el Zurdo Mendieta como protagonista, me impuse esperar por lo menos un mes y basarme en un plan. La verdad es que en todas partes me preguntaban qué onda con el Zurdo, y cuando decía que ahí quedaba, me decían «¡no puede ser!». Eso suele ocurrir con las novelas policiacas, los mismos lectores incitan secuelas, y hasta Conan Doyle se vio obligado a resucitar a Sherlock Holmes. En este caso ya tengo concebida por lo menos una cuarta.”

En Nombre de perro, Edgar el Zurdo Mendieta enfrenta dos situaciones que aparentemente no tienen conexión entre sí: una serie de homicidios contra dentistas y el asesinato de Mariana Kelly, amante de Samantha Valdés, que le rompiera el corazón al Zurdo en Balas de plata y es una temida narcotraficante.

Su forma de proceder, sin embargo, la ubica como una persona honesta: buena madre, buena hija, buena amiga y adorada por quienes la rodean y se inclinan ante ella llamándola “la Señora”.

Pregunto a Elmer si es posible separar a los narcos en “buenos” y “malos” o “decentes” e “indecentes”, como pareciera sugerir esta novela.

Responde el novelista:

“Por supuesto. Hay narcos que solamente intentan hacer un negocio. Los otros son los sicarios. El traficante hace un trabajo especializado y el sicario es un asesino. El asunto con los sicarios es que no siempre matan por una razón, de hecho pueden hacerlo nada más porque sí.”

El aspecto humano de los narcos

Y nada más peligroso que un sicario con dolor de muelas, como sería el caso de La Tenia Solium, a quien acompaña su hijo adolescente, que armado de cartulinas y crayolas está a la espera de que su padre deje un muerto para poner en práctica su ingenio con los narco-mensajes.

“Yo trabajo —dice Elmer— el aspecto humano de los narcos, de los policías, de los militares, y con ello consigo que los lectores los encuentren simpáticos o chistosos. Pensemos en el Chapo Guzmán o en La Barbie. Son criminales, sí, pero de algún modo también son celebridades y algunos se identifican con ellos. Creo que eso sucede porque se trata de tipos que hacen lo que pocos se atreverían, hacen cosas, digamos, diferentes.”

Y hablando de cosas “diferentes”, es un hecho que Elmer también combate lo estereotipos: nos presenta, por ejemplo, a Ugarte, un militar de alto rango, entregado a una última misión antes que el cáncer de próstata que padece acabe con él, y se trata de un personaje trágico, con una guapura que siempre ha actuado en su contra.

Otro detalle destacable es la variedad de personajes femeninos que localizamos en la novela, desde Gris Toledo, la sagaz y pícara ayudante del Zurdo, pasando por la esposa del primer dentista  que es la prototípica “viuda caliente”, pasando por Susana, la madre del hijo que el Zurdo ignoraba tener y encuentra cuando este ya tiene 16 años. Susana es una mujer totalmente dueña de sí misma, de sus ideas y de su cuerpo.

Le digo a Elmer que podría realizarse una tesis sobre la multiplicidad de sus caracteres femeninos, y de pronto alude a Tolstoi.

Dice: “La novela Ana Karenina, por ejemplo, tiene muchos personajes femeninos, y ni uno se parece al otro. Recuerda que los grandes novelistas son escuelas, y cuando uno tiene interés en hacer cosas bien hechas prestas atención a esas lecciones. Curiosamente, alguna vez una mujer me increpó en público, acusándome de machista, pero no lo soy en lo absoluto.”

Una historia se comparte

Hubo un momento en que los críticos literarios desacreditaron a los grandes autores de la frontera norte por emplear el caló de su región. Elmer, sin embargo, es probablemente el autor mexicano más leído en España y sus libros se han traducidos a varias lenguas, y ese asunto de los regionalismos no ha sido impedimento para que sus historias recorran el mundo.

Dice Elmer:

“Descubrí que la forma en que podría entregarme completamente a la literatura era mezclar lo literario con lo callejero. Considero que contar una historia es compartirse, y uno se debe expresar con el lenguaje con que se sienta cómodo. Ahora estoy en la Academia Mexicana de la Lengua, y una de mis tareas es localizar definiciones de expresiones típicas del norte. Esta es otra razón para estar relacionado con el lenguaje popular. A mis traductores los invito a buscar equivalentes en sus calles y les explico lo que representan algunos símbolos mexicanos.”

A lo largo de Nombre de perro, se encuentra uno con guiños a otros autores mexicanos. Los personajes usan botas marca David Toscana, y al momento de ser asesinada, Mariana se encuentra leyendo Yo, la peor, de Mónica Lavín. Le digo a Elmer si se trata de un homenaje a los autores que admira, a lo que responde, “sí, pero también es mi manera de saludarlos.”

Actualmente, Elmer se encuentra escribiendo una novela sobre el mecenas y poeta escocés, muy ligado a México, Edward James, la que sería su primer novela sobre un personaje real, y no quita el dedo del renglón respecto a escribir un par de novelas de ciencia ficción que ya tiene hechas en su cabeza.