Entrevista a Edgar González Ruiz/Filósofo, periodista e historiador
Antonio Cerda Ardura
Con la posibilidad de que el PRI acuda a la Suprema Corte de Justicia de la Nación para interponer una acción de inconstitucionalidad, al cierre de esta edición de Siempre! se tenía previsto que la Cámara de Diputados aprobara la minuta de la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, tal como la aceptó el Senado de la República, lo que implica que las funciones de la Secretaría de Seguridad Pública federal se incorporen a la Secretaría de Gobernación y los nombramientos del secretario ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública y el del comisionado Nacional de Seguridad sean ratificados por la Cámara alta.
La iniciativa de reforma a la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal enviada por Enrique Peña Nieto tuvo una salida sinuosa del Senado, ya que el panista Ernesto Cordero primero reventó la sesión en la que debió haber sido aprobado el dictamen, y operó para que la ratificación de mandos policiacos que tendrá a su cargo la Secretaría de Gobernación sea facultad de los legisladores. A último momento, el PRI, que es contrario a esa ratificación, tuvo que retirar en el Senado la reserva que había hecho al artículo 27, fracción 16, de esa norma, para poder “desatorarla”, de manera que Peña Nieto pueda terminar de ajustar su gabinete.
Uno de los cambios introducidos por los senadores a la minuta es que la Secretaría de la Función Pública no desaparecerá y continuará operando hasta que se haya aprobado la creación de la Comisión Anticorrupción que habrá de sustituirla.
¿Significa esto que el coordinador del Grupo Parlamentario del PAN y presidente de la Mesa Directiva del Senado, Ernesto Cordero Arroyo, es el nuevo gran armador y operador político del blanquiazul para poner piedras en el camino de Peña Nieto?
En entrevista con Siempre!, Edgar González Ruiz, periodista e investigador sobre la derecha en México y en América Latina, señala que Cordero no es un político con trayectoria propia, sino hecho como una calca de Felipe Calderón, cuyo papel es cuidar las espaldas de su exjefe, por lo que su papel será oponerse, en lo posible, a los proyectos priistas.
El también maestro en Filosofía y autor de La Última Cruzada (2001), Los Abascal (2002), Cruces y sombras (2006) y El clero en armas (2007) indica que, aunque cuenta con el apoyo de sectores poderosos, como el empresarial y el clero, con su derrota en las elecciones presidenciales el PAN dejó en claro que es la peor opción política para México.
Rebelión del pueblo
¿Cómo ha quedado el PAN luego de haber perdido la elección presidencial?
Luego de su derrota en las elecciones del primero de julio, el PAN ha quedado simplemente reducido a sus verdaderas dimensiones. Por sus raíces, composición y trayectoria, el PAN es un partido conservador, vinculado a la jerarquía católica, opuesto al Estado laico. Es, además, el único partido del espectro político mexicano que tiene esas características. Como ocurrió con la Unión Nacional Sinarquista, prácticamente inexistente hoy en día, la fuerza del PAN se concentra básicamente en Guanajuato y en algunas zonas de otros estados, donde todavía predomina ese conservadurismo católico. Sólo en esos lugares el PAN logra ganar en las elecciones.
Si el PAN fue creciendo a partir del sexenio de Salinas, fue gracias al apoyo que éste le brindó, pues cogobernó con ese partido y le facilitó llegar al poder en varios estados. Al mismo tiempo, había un desconocimiento de grandes sectores de la sociedad acerca de la ideología y proyectos del partido derechista.
En el 2006, cuando el PAN ya estaba desacreditado luego del gobierno de Vicente Fox, tuvo que recurrir al fraude y a la guerra sucia contra Andrés Manuel López Obrador para seguir en el poder. Para ello tuvo que aliarse con el PRI y recurrir a la propaganda del miedo, al llamado “populismo”; es decir, de rechazo a las políticas de beneficio social.
Pero ahora que la gente sabe bien qué representa el PAN, y cuáles son sus prioridades, ya no vota por él, pues es claro que votar por el PAN representa, entre otras muchas cosas: fortalecer el clero y el Ejército; perjudicar la economía de las familias mexicanas con más impuestos; destruir los sindicatos; abandonar la educación pública, no crear nuevas universidades; favorecer a los grandes empresarios, etcétera.
Además, desde la década de los 90, muchos medios de comunicación, especialmente espacios de radio y televisión, se dedicaron a idealizar el PAN, mientras que gran parte de la sociedad mostraba desencanto hacia el PRI y, equivocadamente, no concebía que había algo mucho peor que el tricolor: los gobiernos panistas, al estilo del de Calderón, que son abiertamente confesionales, a la vez que agresivos, contra los sectores mayoritarios.
Eso, finalmente le costó al PAN perder el poder.
El resultado expresado en las urnas es el juicio del pueblo acerca de la derecha. En términos muy sencillos: es preferible el PRI que el PAN.
En los comicios el PAN quedó en tercer lugar, y, acerca de ello, cabe pensar que mucha gente votó por el PRI no tanto por creer que Peña Nieto es buena opción, sino porque pensaron que los poderes fácticos no dejarían llegar al poder a López Obrador. Pero, en todo caso, la gente dejó claro que, a su juicio, la peor opción política es la derecha, representada por el PAN, y a menos que el PRI cometa demasiados errores, es difícil que la derecha vuelva al poder, a pesar del apoyo que empresarios y medios siguen dispensando al PAN y a la Iglesia.
¿Qué tantas posiciones importantes conserva el PAN?
Con la derrota electoral, el PAN, y especialmente el sector más católico y reaccionario dentro de ese partido, perdió también todas las posiciones que tenía en el gobierno federal, pues en contraste con lo que ocurrió en los gobiernos de Fox y de Calderón, cuando llegaron a cargos importantes personajes de la ultraderecha católica, como Carlos Abascal, Ana Teresa Aranda y Cecilia Romero (ambas exmilitantes de la Ancifem, la Asociación Nacional Cívica Femenina), y como José Luis Luege, el extitular de Conagua y exdirigente de la organización Desarrollo Humano Integral y Acción Ciudadana (DHIAC) o Yunque, con Peña Nieto ese sector está ausente del gabinete, aunque algunos panistas del mismo corte, como Federico Döring, han encontrado cabida en el poder legislativo. Gracias al PAN, Ana Teresa Aranda, quien carece de formación profesional y cuyo único mérito es haber sido militante de un grupo conservador, llegó a ser titular del DIF, de la Sedesol y de la Subsecretaría de Asuntos Religiosos en la Segob, mientras que Cecilia Romero fue la comisionada del Instituto Nacional de Migración, bajo el gobierno de Calderón, sin tener tampoco otro mérito que el de su afinidad con el clero.
Hay que considerar también que la derrota del PAN representó un golpe demoledor para ese partido, pues el resultado tan malo que obtuvo en las urnas fue a pesar de que en ese momento tenía el control de toda la burocracia federal y de todos los recursos del gobierno. Esa derrota panista fue un verdadero despertar del pueblo, una verdadera rebelión contra el poder económico y religioso.
¿Cuál va a ser el papel del PAN como oposición en la administración de Peña Nieto?
Así como el gobierno de Calderón fue un gobierno espurio, el PAN será una oposición espuria, porque no representa nada benéfico para nuestro país, sino, por un lado, los intereses de la jerarquía católica y de algunos empresarios, así como intereses muy mezquinos de políticos que se han beneficiado durante los gobiernos panistas y que quieren seguir gozando de esas ventajas.
El PAN no tiene nada bueno que ofrecer a la sociedad mexicana, pero los políticos panistas tienen algunas opciones frente al nuevo poder: pueden hacerse priistas para seguir sacando ventaja del gobierno, o pueden tratar de adoptar un ropaje contestatario, o incluso, en el colmo del absurdo, pueden hasta fomentar alianzas antipriistas con el PRD, si es que dirigentes de este partido tuvieran tan pocos escrúpulos como para alentar esos proyectos.
Exodo de oportunistas
¿Hasta dónde va a llegar la desbandada del PAN anunciada por Gustavo Madero?
La desbandada panista tiene dimensiones previsibles: será del tamaño de la adhesión que logró ese partido mediante el manejo del empleo y del presupuesto en el sector público.
Se van a alejar de ese partido todos aquéllos que estaban cerca de él por conseguir empleos o beneficios de los gobiernos derechistas: los burócratas van a buscar oportunidades en el PRI, mientras que algunos intelectuales que en los últimos años vieron con buenos ojos al PAN quizá comiencen a admitir sus defectos.
Por el contrario, quienes no van a alejarse del PAN, quienes van a considerarlo siempre su partido están en el clero, en los grupos de la extrema derecha y en el empresariado. Pero incluso en estos sectores, puede haber divisiones, no de tipo ideológico, sino motivadas por conflictos personales, como las derivadas de las agresiones que prodigó Calderón contra algunos de sus correligionarios. Casos típicos son los de Vicente Fox y Manuel Espino, un expresidente de México y un expresidente del PAN y militante de la ultraderecha, que ahora trata de formar su propio partido.
¿Cómo queda posicionado el PAN en los estados?
Como comentaba al principio, el PAN se posiciona en su verdadera dimensión: sólo predomina en Guanajuato, el único estado donde también el actual Papa tiene cierta popularidad. En las pasadas elecciones el PAN perdió hasta el estado de Jalisco, que se consideraba zona extremadamente derechista, mientras que en algunas entidades donde ha llegado al poder, como en Puebla, ha sido gracias a alianzas con otros partidos, incluso con el PRD, lo cual es una vergüenza para este último.
Desde luego, la situación actual del PAN en el interior del país contrasta con la que prevalecía en los años 90, cuando en algunos estados y en muchos municipios el PAN llegó al poder y demostró que sus prioridades eran, por un lado, imponer normas religiosas y un moralismo ridículo mediante censuras y reglamentos municipales y, al mismo tiempo, fomentar el nepotismo y servirse de forma abusiva de los recursos gubernamentales.
¿Cuál será el papel de Ernesto Cordero desde el Senado y a quién servirá, ahora que no está Calderón?
Condiscípulo de Calderón en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), a principios de los años 90, y fiel a las prioridades panistas de apoyo al clero y al empresariado, Cordero no es un político con trayectoria propia, sino una sombra de Calderón, al grado de que cuando pretendió ser candidato presidencial por el PAN lo hizo presentándose como una copia de Calderón, cuya oferta era la continuidad basada en la imitación de tan deplorable modelo. Lo que pueda hacer Cordero por sí sólo es incierto; dependerá de la habilidad que tenga en el juego político dentro de su propio partido, pues no representa nada por sí mismo, dado que él mismo se empeñó en sobresalir sólo como testaferro de Calderón y en basar en esa actitud su propio progreso político. ¿Qué puede hacer ahora que ya no está su jefe?
Ernesto Cordero sostiene que no es necesaria la reforma constitucional que proponen los priistas para ratificar al funcionario que se hará cargo de las labores de seguridad cuando la Policía Federal se incorpore a la Secretaría de Gobernación. Tanto el PAN como el PRD buscan que sea el Senado quien ratifique a ese funcionario. ¿El papel de Cordero será cuidar la espalda a Calderón por sus pifias en la lucha contra la delincuencia?
Obviamente, como miembro del PAN y como protegido de Calderón, Cordero está en el papel de cuidarle las espaldas a su exjefe y de tratar de oponerse en lo posible a los proyectos priistas, no cabía esperar otra cosa. En cuanto a las posibilidades de éxito que pueda tener esa estrategia de oposición, hay que tener en cuenta que el PAN perdió el gobierno, pero cuenta con el apoyo de sectores poderosos, en el sector empresarial y en el clero, además de que está apelando a lamentables y oportunistas alianzas con el PRD. En fin, ahora que el PAN perdió el gobierno federal y casi todos los de los estados, vuelve a adoptar un ropaje pretendidamente contestatario.
¿Qué ocurrirá con la llamada política confesional?
El PAN es el partido incondicional del clero católico, al grado de que, ostensiblemente, una de las prioridades de Calderón fue poner a todas las instancias del gobierno federal, lo mismo el Ejército que Gobernación y la SEP, al servicio del clero. Ahora que el PAN ha dejado el poder, se desarrollará con premisas diferentes a las que tenía bajo los gobiernos panistas.
La jerarquía católica puede procurar el apoyo del PRI, pero cabe esperar que éste, a diferencia de lo que ocurría con el PAN, no se lo brindará de manera incondicional, sino únicamente de acuerdo con las conveniencias y las circunstancias; es decir, sólo cuando éstas sean favorables a los intereses políticos.
Es obvio que dentro de su estrategia preelectoral, y para mal del pueblo, el PRI fue complaciente con el clero, al grado de fomentar la penalización del aborto en muchas entidades, así como la reforma del artículo 24 constitucional para implantar la llamada “libertad religiosa” a gusto del clero. Sin embargo, el nuevo gabinete no luce, por fortuna, a esos políticos provenientes de las parroquias y de grupos católicos que llegaban al poder con el emblema guadalupano y con el odio hacia Juárez, con el compromiso y la prioridad de implantar los dogmas religiosos y de apoyar moral y económicamente al clero. Entonces, la política confesional no goza ya del apoyo incondicional de un partido en el poder, pero sigue teniendo el respaldo de muchos medios de comunicación, siempre favorables al clero, y de poderosos empresarios al estilo de Lorenzo Servitje.
El clero perdió a los funcionarios que le eran incondicionales, pero entre los muchos beneficios que el PAN le otorgó a la Iglesia desde el poder está esa reforma del artículo 24, que el clero tratará de llevar a la práctica hasta sus últimas consecuencias, a la vez que intentará que sea letra muerta el carácter laico del Estado, contemplado en el artículo 40 constitucional.
Nunca debe repetirse
¿Qué le queda a México del último presidente panista?
Calderón fue un mandatario genocida que llegó al poder de manera muy cuestionada y que cotidianamente se empeñó en hacerle la vida más difícil a la mayoría de los mexicanos y en la destrucción del Estado laico. Sus crímenes no deben quedar impunes, empezando por los miles de muertos que dejó la llamada “guerra contra el narco”.
No debe olvidarse lo que representó el sexenio de Calderón para nuestro país: una experiencia que nunca debe repetirse y que implicó el predominio de una política sanguinaria y expoliadora que se llevó a cabo invocando a Dios y con la bendición de la jerarquía católica. Los sectores progresistas y liberales, que defienden el bienestar popular y el estado laico, deben esforzarse por destruir la herencia reaccionaria de Calderón.
¿Prosperará la demanda interpuesta contra Calderón en la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra y de lesa humanidad?
No sé si ese recurso vaya a prosperar en el plano legal, pero debería ser así, pues Calderón no debe quedar impune luego de todos los abusos y crímenes que cometió, y que fue forjando, día por día, en una larga y sanguinaria cadena. Hay que recordar cómo llegó al poder (“haiga sido como haiga sido”) y las graves acusaciones que contra él hizo el empresario chino Zhenli Ye Gon (“Copelas, o cuello”), quien fue perseguido por su gobierno, caracterizado por las miles de víctimas de la supuesta guerra contra el narco. Y no deberían quedar en el misterio episodios tan graves como los bombazos de Morelia, en el aniversario de la Independencia, en 2008; las muertes de Juan Camilo Mouriño y de Francisco Blake Mora, en sospechosos avionazos, y muchos otros episodios, como el uso de recursos del erario para desatar campañas mediáticas muy agresivas contra entidades como la Compañía de Luz, así como la costosa y apabullante propaganda de autoelogio a Caderón. Tan agresivo fue el gobierno de Calderón contra el pueblo de México que, cabe recordar, en sus inicios se autorizó el alza desmedida a las tortillas y a otros productos básicos, además de que, desde un principio, se desató una secuela de abusos de los militares y de violaciones de los derechos humanos, como el asesinato de Ernestina Ascensio Rosario, por parte de soldados, que fue justificado por el entonces ombudsman, el muy católico José Luis Soberanes (quien alegó que la mujer indígena “murió de gastritis”).
