Por si las dudas…
René Anaya
El próximo año marcará en México el inicio real del retorno del PRI al gobierno, lo cual provoca esperanza o frustración, según la convicción ideológica o cercanía que se tenga con los gobernantes. Lo cierto es que 2013, como todos los años nuevos, empieza con una serie de expectativas, pues simbólicamente termina un ciclo y comienza otro.
Pero este año puede tener una significación diferente y atemorizante para algunas personas que se guían por la superstición o por las fobias de la cultura occidental, ya que el 13 se ha considerado desde hace algunos siglos como un número fatídico, aunque eso no tenga ninguna base científica ni racional, por supuesto.
La triscaidecafobia
Una vez que vivimos el más reciente fin del mundo que causó cierta preocupación en algunas personas, ahora corresponde a 2013 generar inquietud en quienes creen que el número 13 es de mala suerte.
Los triscaidecafobos, de los vocablos griegos triscaideca: trece, y fobos: horror, repulsión (personas con temor irracional al número trece) consideran que esos dos dígitos son sinónimo de sucesos funestos, tal vez por oposición al 12, que en muchas culturas es considerado un número cósmico o divino. Se sabe que son 12 los signos del zodiaco (con su carga mágica), 12 los meses del año, 12 horas, 12 apóstoles, 12 tribus de Israel, lo que establece cierto orden o, por lo menos, cierta simetría.
En la tradición judeocristiana se alude a los 13 personajes de la Ultima Cena como posible origen de la superstición. Pero se sabe que en otras culturas el 13 era benéfico, como entre los musulmanes, que se guían por 13 meses lunares. Por tanto, se ha planteado que la calidad de número maléfico o malhadado se debe a los cristianos que, como en otros aspectos de las tradiciones no cristianas, trataron de imponer sus creencias, por lo que le dieron una connotación negativa al 13.
En esas condiciones, el número 13 podría traer grandes males, por lo que en algunos hoteles no existe la habitación 13 o el piso 13, incluso algunos aviones han suprimido la fila 13; en Estados Unidos y en México algunos edificios no tienen el piso 13. En muchas de las competiciones de carreras de autos y motocicletas no se asigna el número 13 a los participantes.
Esta superstición ha llegado también a la moderna y avanzada tecnología de la informática. El programa CorelDraw pasó de su versión 12 a la CorelDraw X3 (13 en una rara combinación de número romano y arábigo); hasta Bill Gates siguió esa tradición, pues de la versión 12 de Microsoft Office, se saltó a la 14; asimismo, WinZip no presentó la versión 13, pasó de la 12 a la 14. Incluso, en el ambiente musical, Joaquín Sabina en su disco Alivio de luto omitió la pista 13, después de la 12 la siguiente fue “+uno”.
Luchar contra las supersticiones
Ya sea porque es de mala suerte ser supersticioso o porque es difícil combatir creencias muy arraigadas en nuestra cultura, lo cierto es que muchas personas tendrán presente lo fatídico del número 13 a lo largo del próximo año o harán invocaciones para contrarrestar su maleficio. Algunos dirán que no creen en la mala suerte, pero “por si las dudas…” repetirán ritos contra los malos influjos.
Lamentablemente, la persistencia de estas supersticiones representa el triunfo de la irracionalidad y la falta de confianza en sistemas políticos y económicos que no proporcionen seguridad al individuo sobre su futuro. Los jóvenes enfrentan la falta de oportunidades educativas y laborales, los adultos experimentan la incertidumbre de conservar el empleo o de ascender en la escala social.
Ante la impotencia por controlar su vida o cristalizar sus planes, la gente acude a la religión, la magia y la superstición para encontrar respuestas a sus angustias o para justificar su fracaso, el cual se atribuye a la mala suerte más que a un sistema corrupto o carente de políticas de Estado que busquen el bienestar de la población.
Pero aún más, como señala Edgar Morin en un capítulo del libro El retorno de los astrólogos: “la ciencia proporciona al sujeto medios de acción, pero no puede concebir al sujeto mismo. El sujeto no es más que el residuo irracional de la objetividad científica. De hecho, doquiera que interviene, la subjetividad aporta irracionalidad, azar, incertidumbre”.
De esta forma, 2013 será marcado por la incertidumbre proveniente de las reformas laborales, educativas y energéticas que se planea llevar a cabo, pero también por la incertidumbre y desconfianza que surge por la falta de participación ciudadana en las decisiones fundamentales, lo cual lleva a mucha gente a refugiarse en la superstición.
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