Me dice que prefiere mil veces a Peña Nieto

René Avilés Fabila

Como respuesta a uno de mis artículos comentando la toma de posesión de Enrique Peña Nieto en los que mostraba más de una decepción y las reacciones de algunos que se dicen y se sienten de izquierda, recibí un correo que me impresionó. Es de una maestra, una mujer como las de antes, culta y enamorada de su trabajo. Se preocupa naturalmente de los sucesos nacionales y su actitud es crítica. Jamás ha militado en partido alguno, pero vive atenta a los sucesos que ocurren en México. Transcribo una parte de sus indignadas palabras.

“Querido amigo René: efectivamente Enrique Peña Nieto no es el político que estábamos esperando, pero de lo que estoy completamente segura es de que prefiero mil, qué digo mil, millones de veces al político mexiquense que a Andrés Manuel López Obrador, prefiero a Emilio Chuayffet que a Ricardo Monreal, prefiero a Luis Videgaray que a Martí Batres, prefiero a Rosario Robles que a Jesusa o a Elena Poniatowska, y así uno por uno.

“El discurso del sábado de López Obrador en que Peña Nieto tomó posesión es de un simplismo aterrador, una invitación a la violencia —que se dio, por desgracia—, de un egoísmo total, quiere el poder para él y sólo para él. Es un hombre por completo enfermo y que ha formado a su alrededor un círculo de violentos y tontos, que no saben polemizar sino destruir. No arrojan ideas, avientan bombas molotov y piedras. Destruir negocios, pintarrajear las esculturas de los héroes no significa más que estupidez. El vandalismo que ahora es el arma favorita de Andrés Manuel es ya su última etapa, la cúspide de su ‘república amorosa’. No podemos dejar que destruya primero la capital, enseguida el país. Así como antes incendiaba pozos petroleros ahora quiere la violencia para asaltar el poder. Allá el pobre PRD si lo sigue en su demencial carrera hacia el precipicio. Esa no es la izquierda, no lo ha sido nunca.

“El odio que López Obrador ha sembrado ahora fructifica. Por eso se mantiene la campaña contra Calderón y en general contra todo lo que supone se entromete en su camino hacia la presidencia. Escuchó usted a los diputados dizque de izquierda gritar en la toma de posesión, ofender, arrojar botellas y dinero falso, porque el bueno lo tienen en sus propias inversiones. Son ladrones, no políticos. Animales rabiosos. Vea usted a los intelectuales que lo siguen, porros y vendidos, tienen un precio y el gobierno capitalino se lo ha pagado. En este contexto, estimado amigo, ¿el gobierno debe quedarse con las manos atadas, qué hacen las autoridades del Distrito Federal aparte de hablar de libertad, libertad para los locos que aterran en las calles?

“Que Obrador es un amargado y resentido, es evidente, pero no entiendo por qué nos arrastra hacia la violencia, por qué lo siguen en su ruta de odio. Ojalá que algún día se vaya a su famoso ranchito y deje el país en paz, a que resuelva sus diferencias a través de discusiones, no a mentadas de madre. Hasta dónde hemos llegado por las ambiciones de una sola persona, y para amolarla, loca.”

Hasta aquí la carta de la maestra que ni siquiera pidió el anonimato, lo preferí yo. El título de un libro sobre Andrés Manuel bien podría ser De la nada al derrumbe pasando por el caudillismo. López Obrador es el sepulturero de la izquierda mexicana. En cuanto vuelva la tranquilidad, las llamadas “izquierdas” verán el rechazo de la sociedad y sólo quedarán aquéllos que se beneficiaron materialmente con sus patrañas y su infinita demagogia.

 

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