Sin apoyo de maestros y alumnos
Marco Antonio Aguilar Cortés
¡Qué suerte!, y qué responsabilidad. Pasó el día 21 de diciembre y no se acabó el mundo; además, qué positivo y oportuno editorial de Beatriz Pagés titulado Carta de un presidente a los educadores. Tomo el tema desde otra perspectiva, y comienzo.
El 10 de diciembre de 2012 presentó una iniciativa el presidente Enrique Peña Nieto a la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, a efecto de que se reformen los artículos 3, en sus fracciones III, VII y VIII, y 73 en su fracción XXV; y que se adicione la fracción IX del mismo artículo 3; ambos preceptos de nuestra Carta Magna.
Independientemente del destino de esta iniciativa ante el Congreso Constituyente Permanente, su forma y sus contenidos se observan endebles e irrelevantes frente a la magnitud del actual problema educativo nacional.
En la forma, la naturaleza del derecho no tiene el alcance para resolver, por sí, el fondo de graves problemas.
Con simples reformas y adiciones a nuestra Constitución federal no solucionamos las dificultades indígenas, ni las de la salud ni eso de la vivienda digna y decorosa ni la inseguridad ni el desempleo, ni menos los enredos educativos.
Por ingenuidad o demagogia cada vez que se agudiza un problema se pretende remediarlo con modificaciones constitucionales; y ni se soluciona, y sí se distorsiona el sistema jurídico, haciendo de la norma obligatoria fundamental un texto de propósitos, a cumplir en un futuro incierto.
Así, la realidad va por su rumbo, mientras nuestro sistema jurídico anda por otro; así, nos corrompemos y nos degradamos todos; y, así no se educa.
Ante la problemática que nos avasalla, el derecho sólo es un coadyuvante de los actos de gobierno que deben ir motivados y fundados. Esos actos de autoridad contra los males educativos deben aplicarse a las causas y a los efectos de la contrariedad.
El problema educativo no se resolverá si no se entiende. Es superficial creer que la esencia de la complicación es sindical, y que el supuesto enemigo de una lideresa es la medicina mágica.
La educación no sólo es la escolar. La educación escolarizada es una pequeña parte, comparada con la educación en el seno de la familia, en la calle, en las fuentes de trabajo, en los medios masivos de comunicación, en el ejercicio del poder público, en los espectáculos, en el amplio espectro de la vida.
El gobierno mexicano gasta mucho so pretexto de la educación escolar, criminal manera de tirar el dinero del pueblo; empero, el gobierno debe gastar mucho más en educación, pero de veras en educación pública para todos, y de calidad.
En la educación, escolarizada o no, fracasarán sin duda todas las reformas elaboradas desde los escritorios, por sabios, o por resabios, que no entran a clase todos los días, y que no saben prácticamente qué es, en qué consiste el problema real y cotidiano de la enseñanza aprendizaje entre alumnos y maestros.
Cuando el maestro y sus alumnos entran al aula, y cierran la puerta, afuera quedan todos los líderes y los burócratas de la educación con sus planes y sus programas, con sus normas y sus evaluaciones. Claro, si hay maestro, y si hay alumnos.
Toda reforma educativa está condenada al fracaso si no cuenta con el apoyo de maestros y alumnos.
