Tiene dos ejes rectores

Christián Gutiérrez

¿Hacia quién o hacia dónde va dirigida la reforma educativa del presidente de México, aprobada por el PAN, PRI y PRD? Detecto una opinión pública preclara que da respuesta a esta pregunta: “Hacia Elba Esther Gordillo”. Sin embargo, me parece un error creer que la reforma sólo está siendo articulada para quitarle poder a la señora Gordillo; si lo creemos así, perdemos la oportunidad para entender que esta reforma educativa debe transformarse en una política pública y de Estado que mejore, por un lado, la calidad en la educación pública y, por otro, que a partir de esta política se articule una adicional, que logre cambiar la cultura de los mexicanos.

La reforma educativa de Enrique Peña Nieto es de mayor calado que los deseos de una persona, por mucho poder que haya concentrado en décadas de complacencias perversas, y creo que, de ser aprobada, como fichas de dominó caerán uno a uno varios objetivos periféricos que beneficiarán a todo el sistema educativo, haciendo más profuso el objetivo general de la propia reforma.

En sustancia, la reforma educativa establece dos ejes rectores de manera formal, que serán objetivos visibles para mejorar el sistema educativo en términos generales; a saber: a) “Que la ley reglamentaria del artículo 3 constitucional fije los términos para el ingreso, la promoción y la permanencia en el servicio docente”.

En esencia, este eje tiene como objetivo profesionalizar a los profesores. Se sabe que las plazas de docente, supervisor escolar y jefe de sector escolar las vende el magisterio o se administran con intereses ajenos al mejor desempeño del sistema educativo. Las plazas son monedas de cambio que se utilizan para que los líderes magisteriales atrapen a los individuos, que en muchas ocasiones sí tienen vocación. Con este objetivo, se estará implantando un mecanismo que permita a las personas avanzar con base en méritos propios y no con base en los intereses mezquinos de los dirigentes.

b) “Dotar de autonomía constitucional al Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación”. Sencillamente, lo que no se puede medir no se puede mejorar, y este instituto tendrá atribuciones para evaluar el desempeño y los resultados del sistema educativo nacional en la educación preescolar, primaria, secundaria y media superior. Esto mejorará sustancialmente la educación en el país y se evaluará con base en múltiples realidades sociales, económicas y culturales, pues México es un mosaico que no puede ser evaluado de forma estandarizada.

Desde luego que la nueva reforma educativa restará fuerza al magisterio, que finalmente es quien ha subsistido arrancando al Estado recursos con la justificación en el tema educativo. La duda es: ¿qué pasará en las entidades de la república en donde hay más resistencia magisterial? Oaxaca, Michoacán, Guerrero son especiales, y me parece que así deberá ser la medicina: especial, claro está, sin ceder un ápice en la rectoría educativa que debe recuperar el Estado mexicano.

El autor es politólogo.

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