Juan José Reyes

Aun para los que no conocen la capital chilena (el caso mío) este libro es de lo más disfrutable. Ha sido escrito por un poeta, experto también en cuestiones de la cultura vernácula, maestro y sobre todo tal vez un hombre que supo vivir. Por vivir entiendo aquí acomodarse sin inconveniencias a la circunstancia y a los otros, volverse para los otros una compañía buscada, querida, buena para la charla y los silencios, los tiempos nunca perdidos de la convivencia y los pasos siempre ganados en la ciudad y sus barrios, en tiempos en que la ciudad, ay, también la gran ciudad chilena, era sitio de encuentro y de comuniones y de ilusiones y penas. ¿A quién no conoció Oreste Plath? O, mejor dicho de acuerdo con la agradecida lectura, ¿quién no quiso en Santiago a Oreste Plath? Los poetas están en primer sitio en una lista numerosa. De Gabriela Mistral en adelante, pasando desde luego por Neruda, más admirado ahora que la primera pero tal vez no superior a la poeta admirable. Cafés, restaurantes, calles, plazas, la visita de personajes extranjeros —como Sarah Bernardht— y muy en especial los ciudadanos, los amigos, los que pasan la vida sin más trascendencia que la que puede dejar el recuerdo vivo en unas cuantas o en muchas memorias conmovidas, risueñas, nostálgicas. El libro que ahora publica el Fondo de Cultura Económica pone junto a la crónica rápida, de prosa mucho más fulgurante que cuidada, fotografías y dibujos que buscan ayudar a que el lector imagine bien los lugares que, ¿quién creen?, el progreso urbano llevó a la destrucción. El lector mexicano disfrutará esta crónica por su calidez y su gracia, y de inmediato pensará que hace falta que en nuestro lar se realice una obra análoga, quizá ya imposiblemente hecha por algún protagonista pero sí por un buen escritor que conozca la memoria de aquellas atmósferas disipadas ya del México pasado, acabado también por el progreso que tanto ha servido para encubrir la incuria, la ignorancia y la corrupción.

Oreste Plath, El Santiago que se fue / Apuntes de la memoria. Edición corregida y anotada por Karen Plath Müller Turina. Fondo de Cultura Económica (Colección Biblioteca Chilena), Santiago de Chile, 2010; 369 pp.