Elena Poniatowska

Marco Aurelio Carballo

“Para ser periodista hay que ser humilde”, dijo Elena Poniatowska”. “Hay entrevistados que a veces te humillan… «Niña —me decían—, sólo puedo darte 10 minutos, niña, así que apresúrate»”… Recordó su paso por Excélsior. Entonces se decía, dijo, que el director Rodrigo de Llano hacía el periódico desde el bar del restaurante Ambassadeurs, junto al periódico en Paseo de la Reforma. Contó que Julio Scherer, quien hacía los grandes reportajes, se mordía las uñas hasta sangrarse. “Los periodistas eran bien borrachos”, dijo. “Lo peor que le puede pasar a una mujer es casarse con uno, porque con el pretexto de irse a hacer un reportaje desaparece varios días”. Elena Poniatowska habló en la ceremonia de clausura del Libro Alternativa, efectuada en el jardín Hidalgo de Coyoacán, acompañada de Paco Taibo II. Dijo que antaño eran pocas las mujeres que reporteaban, a saber, Ana Cecilia Treviño (Bambi), Ana Salado Alvarez, Guadalupe Appendini, Rosa Castro y Rosario Sansores.

Años después, debido a la censura del presidente Gustavo Díaz Ordaz, Poniatowska tuvo que publicar sus crónicas sobre el movimiento estudiantil del 68 en un libro, La noche de Tlatelolco, en la Editorial Era, gracias al arrojo del editor Tomás Espresate. En la editorial había miedo de que estallara una bomba en las instalaciones, que era la forma de intimidar  del gobierno. A la entrada de Excélsior estalló un cartucho de dinamita. El libro de Elena contiene entrevistas con estudiantes y padres de familia.

Los garbanzos

Habla el poeta Francisco Hernández, Premio Nacional de Ciencias y Artes en la rama de literatura 2012: “Uno empieza autopublicándose. Y no imagina hasta dónde lo llevará el camino, si es que lo lleva a algún sitio. A mí me tocó pagar cuatro libros. Tenía entre 28 y 35 años. Era un publicista que se había mudado al DF desde San Andrés Tuxtla, Veracruz. Pero el quinto libro —Mar de fondo—, tendría otra historia. Por invitación del amigo Pedro Orgambide lo postulé al premio más importante de poesía en México, el Aguascalientes. Apenas pude creerlo cuando lo gané. Resulta que eso me dio dos cosas importantes: la publicación del libro en Joaquín Mortiz, que para mí significaba dejar de pagar con mi propio dinero mis cuadernos de poesía, y un viaje a Nueva York, durante quince días, la apertura de mis ojos a otra imaginación”.

 

 

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