Alexander Serikov

El nombre de Fukushima se hizo muy conocido en marzo del 2011 cuando en esta ciudad japonesa donde se encuentra la central nuclear, tuvo lugar un magno accidente causado por el sismo de casi 9 grados Richter y un enorme tsunami. Como consecuencia de varios incendios ocasionados por el desastre, gran cantidad de radiación  envenenó el aire y el agua del océano.

Lo sucedido allá confirmó una vez más que los caprichos de la naturaleza son impredecibles y cualquier cosa puede suceder en cualquier momento y en cualquier lugar de nuestro planeta. Por ejemplo, en Moscú no suceden terremotos, apenas se sienten pequeños temblores de los sismos que estremecen a los países de Europa. El sismo del 4 de marzo de 1977 en Rumania de 7.2 grados Richter tuvo amplia repercución en Europa y hasta en Moscú situada a varios miles de kilómetros de Rumania, caían lámparas del techo en las plantas altas de los edificios. Pero lo que sucedió en Fukushima en marzo del 2011 alarmó de manera especial no solamente a los países vecinos de Japón. La radiación nuclear, este asesino invisible, puede causar no menos daños que la destrucción e incendios causados por los sismos.

Es por ello que se esperaban con ansiedad los resultados de las investigaciones que realizó la comisión especial parlamentaria japonesa para aclarar las verdaderas causas del accidente en la central nuclear de Fukushima. Las conclusiones de esta comisión fueron bastante duras. Así, tanto la empresa operadora de la central TEPCO como las organizaciones gubernamentales fueron acusados de una demora  premeditada en la toma de decisiones, de la inacción o la toma de decisiones convenientes para ellos. Concretamente, la comisión acusó a la administración del entonces primer ministro Naoto Kan que, según el reporte, se inmiscuía arbitrariamente en el trabajo de los servicios de emergencia y de esta manera causaba mucho desorden y problemas. Además, el gobierno no pudo informar a tiempo a la población de los territorios afectados sobre el desastre para que tomaran medidas necesarias y no logró organizar debidamente la evacuación de los habitantes de las zonas afectadas.

A su vez, la empresa operadora TEPCO aceptó las conclusiones de la comisión. En una conferencia de prensa celebrada el 14 de diciembre último, su representante Tekefumi Anegawa, contestando a la pregunta de que si la compañía estaba de acuerdo con la conclusión del reporte de que el accidente hubiera podido ser prevenido, dijo que aunque en la parte técnica del reporte había ciertos errores, en lo fundamental las conclusiones son correctas e indican ciertamente que en la empresa no había sido creada la cultura de la seguridad. TEPCO prometió corregir los errores cometidos por ella y que fueron señalados en el reporte de la comisión parlamentaria.

Mientras tanto la empresa operadora ya pasó a manos del gobierno y el gobierno, a su vez, cambió a su primer ministro. Ahora se pregunta: ¿quién va a responder por el envenenamiento del aire y de las aguas marinas que bañan las costas de muchos países vecinos de Japón?