Coinciden profesores del SNTE y de la CNTE

Christián Gutiérrez

¿Cuál es el tipo de organización política y social que necesitamos los mexicanos para alcanzar mayor bienestar colectivo? Diversos paradigmas se han creado en torno a esta disyuntiva, entre ellos, el de una organización político-social idealista, que pugna por una sociedad cuasi-perfecta llena de virtudes y solidaridad, consensos y fraternidad cívica, justicia y equidad, honestidad y transparencia entre gobernantes y gobernados, haciendo innecesarios la policía, los jueces, las leyes, las cárceles, los ejércitos, incluso el Estado.

Las reflexiones también han girado en torno a una organización realista, en donde prevalece entre el ser humano el egoísmo, la defensa de los intereses particulares, la sed insaciable de riqueza, prestigio o poder, la disposición a pasar por encima de los derechos de los demás si con ello se satisfacen los deseos personales, haciendo necesaria esa organización llamada “Estado”.

Las democracias ideales pugnan por el establecimiento de una reconversión moral entre actores, instituciones políticas y los ciudadanos. El resultado de esta reconversión será generar —como requisito, mas no como resultado— una sociedad superior, justa, fraternal, libre, plena de realización humana para todos sus miembros, que puedan comprender la importancia de interiorizar los valores de la democracia como honestidad, transparencia, diálogo, participación política, respeto a la legalidad y a la diversidad, civilidad, altruismo y pacifismo. Esta interiorización decantará en una forma de pensar del ciudadano tendiente a la colectividad y alejada, en la medida de lo posible, del individualismo. Por su parte, las democracias reales parten del buen diseño y fortaleza de las instituciones públicas y la normatividad jurídica conocida y aceptada por los gobernantes y gobernados, porque esto genera y facilita la gobernabilidad democrática. Es decir, si bien es cierto que las democracias reales aceptan que el ser humano es egoísta, defiende interés particulares, vive una sed insaciable de riqueza, prestigio, poder, etc., y que el diseño institucional de este tipo de democracias está hecho sobre la premisa de que los seres humanos, en general, no son confiables, por lo tanto hay que ponerles pesos y contrapesos.

En realidad los adjetivos de la democracia son diversos y no se deben ignorar en un marco de globalidad cada vez más demandante. Las democracias reales e ideales existen en menor o mayor medida, e inciden en el desarrollo o subdesarrollo de los Estados. El ser y el deber ser han sido debatidos a través de los siglos y esto es bueno, pues ha permitido construir macrosujetos un poco más integrales y cercanos a las coyunturas medianas y de largo aliento. Por ello en México debemos preguntarnos ¿qué tipo de democracia es la que necesitamos para mejorar la educación? La reforma educativa hizo coincidir, después de muchos años, a profesores del SNTE y de la CNTE: sus “derechos” (conquistas) colonizantes están por encima de los derechos subjetivos de la educación y de los estudiantes. La pregunta es concreta: ¿Están dispuestos a ceder sus canonjías, regresar al aula y formar estudiantes íntegros?

El autor es politólogo.

Blog: http://christiangutierrezalonso.wordpress.com/