Hábito, “colmillo” y facultad de adivinación

 

 

 

Refundar el Estado es infinitamente

más difícil que tomar el poder.

Boaventura de Sosa Santos

 

Jorge Carrillo Olea

¿Cómo es tener tablas? Muchas explicaciones surgirían, pero la idea genérica se refiere a tener experiencia en algo. En el origen, las tablas es el suelo del escenario de un teatro. Así, tener tablas significaba haber salido a escena, someterse al público y, por extensión, haberse afrontado a una situación real y repetida. Se supone que una persona experimentada es buena simplemente para algo, pero tener tablas implica necesariamente gran seguridad en uno mismo, cierta sencillez, ser desenvuelto, saber salir de aprietos. También habla del hábito, colmillo y hasta facultad de adivinación.

 Algo que falla se pronostica en ya numerosas intensiones fallidas del ya presidente en funciones y su equipo. Unas intrascendentes, otras de fondo: 1. La visita a la Ibero fue una muestra de exceso de confianza, de falta de tablas. 2. Otro patín fue la fallida Cumbre con Centroamérica, a la que los invitados no llegaron porque no se les supo convocar por falta de tablas. 3. El siguiente en la lista, que tronó por igual razón, fue la iniciativa para reformar la Ley de la Administración Pública Federal. Se envió con un estilo propio de Luis Echeverría o Carlos Salinas, o sea, con menosprecio hacia los legisladores supuestamente obligados a votar “Sí, señor presidente”. 4. Está pendiente la riesgosa presencia del presidente en la toma de posesión de Miguel Angel Mancera, en la antigua sede del Congreso, hoy cueva de leones del PRD. 5. Todavía está en el aire el anticipado triunfo de formalizar un compromiso Pacto por México con los partidos opositores que, después de las trece decisiones, como que es inútil, pero que concebido como toda la base de una nueva república, otra vez, nada pasó.

Forzando un enorme boato para el pacto se previó llenar el Teatro de la República en Querétaro, el mismo en el que se firmaron las Constituciones de 1857 y de 1917, pero también el mismo en que se juzgó y sentenció a Maximiliano. Se cursaron convocatorias, se preparó el confeti y las bandas, se previó el transporte de tantos semidioses, sus edecanes, etc. Sí, se festejó anticipadamente este gran acierto de convocatoria y de concertación. Primer gran éxito de un gobierno que no había empezado. Lo malo es que nada pasó.

Este tipo de traspiés tiene un significado infinitamente mayor que ellos mismos. La falta de tablas en un gobierno es alarmante. ¿De quién era la responsabilidad —que no del presidente Enrique Peña— de tomar en cuenta todas las posibles vicisitudes políticas y organizativas? Visto desde una clásica distribución de facultades, habría sido del hoy secretario Miguel Osorio, pero en el rebumbio que caracteriza a estos tiempos nadie sabe dónde quedó la bolita, ni importa. Lo que importa es tomar conciencia de que no se tiene todas consigo.

Tal vez la deducción de fondo es resaltar que desde el nuevo PRI aún actúan con la arrogancia propia de quienes creen seguir siendo aquellos titanes que desde el Olimpo ordenaban y todo se cumplía, automáticamente, sin enredos ni tropiezos. Es muy posible que el origen de los descalabros no sea la voluntad de personas. Más bien es un tema de ADN que no pueden eliminar.

Sin embargo, si se desea, la lección puede ser provechosa: hoy hay contrapesos. Ahora llegó el imperativo de conciliar, convencer, de dar tiempos a reflexiones ajenas que antes eran impuestas mediante los recursos clásicos del autoritarismo. Ya nada se puede dar por hecho. Es una de las fortalezas centrales de la democracia, la distribución del poder y en este caso la prevalencia del que pesa más, el poder del pueblo.

 

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…Suspensivos. Los currículum pueden desviar un criterio tanto como las estadísticas. El hoy secretario Joaquín Codwell fue diputado local, secretario de gobierno, diputado federal, director de Fonatur, senador, secretario de Turismo, embajador en Cuba, presidente del PRI y es próspero empresario. Es grata persona, inteligente y honesto. ¡Pero!  En todo este trayecto tan claro, ¿dónde se escondía un secretario de Energía? ¿Sabrá el poder energético de un barril de petróleo, o qué es un megawatt? Y no es el único, véase el caso de Enrique Martínez y Martínez, Claudia Ruíz y más. El esbozo satírico de Educación merece otro espacio.

 

hienca@prodigy.net.mx