Patricia Gutiérrez-Otero

Esta columna aparecerá el 13 de enero, con tres actos cargados de sentido. Primero. La marcha de los zapatistas el 21 de diciembre, cuyo silencio fue más elocuente que cualquier palabra, hombres y mujeres, que se reunieron en San Cristóbal de las Casas, Altamirano, Las Margaritas, Palenque y Ocosingo (según las fuentes fueron más de 35 mil encapuchados). En ese momento sólo hubo un breve y sonoro comunicado de la Comandancia: “¿Escucharon? Es el sonido de su mundo derrumbándose. Es el del nuestro resurgiendo”, así como el festejo de los 19 años en que se levantaron contra el estado ignominioso en que se les ha mantenido durante quinientos años, celebración que realizaron en sus caracoles el 31 de diciembre y el primero de enero. En ese momento se publicaron varios comunicados sobre los pasos que dará el EZLN. Segundo. Una marcha pacífica de gente afín al movimiento #132 que, gracias al antiguo uso de porros, terminó en campo de batalla y vandalismo con su respectiva represión policiaca: detenciones arbitrarias, golpes, tortura, heridos graves. Viejas usanzas sacadas del baúl en el que la presidencia panista las había guardado durante doce años. ¿El objetivo de este golpeteo? Posiblemente dejar claro cuál será la respuesta del gobierno ante las manifestaciones y críticas: en el Edomex esto ya había quedado claro con el manejo del caso de Atenco y las declaraciones posteriores. Cabe resaltar que uno de los grandes apoyos para liberar a los detenidos fue la actividad de la sociedad civil que filmó los actos y que luego logró reunirlos como evidencia. Tercero. Causa mayor esperanza el hecho de que el 3 de diciembre, el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD) haya dirigido una extensa carta a los zapatistas para solidarizarse con ellos y para exigir que se cumplan los Acuerdos de San Andrés, que piensan impulsar. Retomo, pues es uno de los temas menos comentados en los grandes medios de comunicación televisiva, el asunto del EZLN. Parafraseo: “Si ustedes no se fueron, nosotros tampoco”, refiriéndose al regreso del PRI al poder ejecutivo federal. Entre sus anuncios está su pertenencia al Congreso Nacional Indígena, su búsqueda de los lazos con los adherentes de la Sexta, la búsqueda de relacionarse con otros movimientos sociales (como dijimos, el MPJD ya mostró su deseo de comunión), una conminación a los malos gobiernos para reconsiderar su orientación. Tres actos llenos de simbolismo. A estos movimientos honestos, coherentes, pueden sumarse también otros que lo único que desean es un México con dignidad, paz, justicia, hermandad. Además, opinamos que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, evitar las mineras a cielo abierto, respetar el sitio sagrado de los huicholes, acabar la guerra contra el narco, encontrar a los responsables del incendio de ABC…