La peor de las calamidades
Alfredo Ríos Camarena
En México, las páginas llamadas sociales de los periódicos nos dan un pálido reflejo del dispendio y la frivolidad de unos cuantos multimillonarios; nuevos ricos que forman un grupo ramplón y de mal gusto, que exhiben impúdicamente fortunas incalculables; lo hacen en saraos, recepciones y fiestas, donde el denominador común es la presunción de inmensas y astronómicas fortunas, manifestadas por joyas, obras de arte, yates, aviones privados, automóviles de superlujo y excentricidades absurdas; son la expresión grotesca de aquéllos que poseen más del 40% de la renta nacional y que representan menos del 1% de la población.
Frente a esta realidad que nos asombra e indigna, existe otra a la que hoy el gobierno de la república le ha puesto el nombre con claridad y cruda franqueza. Se trata de los millones de mexicanos que sufren hambre, que es la peor de las calamidades que pueda padecer el género humano; el hambre, la muerte y la enfermedad, entre otros, son los jinetes del apocalipsis que desde tiempos inmemoriales azotan a la humanidad, pero no debemos suponer que se trata de castigo divino que crea un destino irreductible; no, estas lacerantes heridas sociales son producto del sistema esclavista, feudal y capitalista. La acumulación de la riqueza como fin último de la aspiración del ser humano ha destruido los valores más elementales y ha construido una sociedad ajena a los grandes problemas de la desigualdad.
La producción industrial, agrícola y el desarrollo tecnológico podrían resolver estos temas de patología social, si existiera una fórmula válida de distribución de la riqueza; por eso, la Cruzada Nacional contra el Hambre, encabezada por el presidente Enrique Peña Nieto, puede ser una herramienta que ayude a resolver el tema, así lo expresaron en Las Margaritas, Chiapas, lugar paradigmático de la utopía neozapatista, la secretaria de Desarrollo Social Rosario Robles Berlanga, el gobernador de Chihuahua César Duarte Jáquez, y el presidente de México Enrique Peña Nieto. Se presentaron en el marco del Pacto por México algunas políticas para atacar este tema tan sentido; sin embargo, lo más importante no son los programas asistencialistas que han fracasado, sino la estructura de un sistema productivo particularmente en el campo, que impulse el crecimiento y el desarrollo económico; qué bueno que el gobierno de la república en pleno plantee este tema que parecía escondido entre las farragosas estadísticas que se publican cotidianamente, es un tema verdaderamente sentido, y para su solución, requiere un compromiso social en el que por supuesto está implícita una reforma hacendaria y fiscal que obligue a esos supermillonarios a pagar lo que la nación requiere. Parece ser que se acercan tiempos de mejor justicia, enhorabuena para la república.
En este mismo tema, hay que combatir el hambre, y acentuar la política en el tema nutricional; recordemos que especialistas en este ámbito han establecido, como premisa, que los primeros años de la vida del ser humano son fundamentales para su desarrollo ulterior a través de una dieta que les permita obtener las proteínas suficientes para que su desarrollo mental e intelectual sea el adecuado.
Por eso, en este tema del hambre, el primer punto debe ser, sin la menor duda, la nutrición de los millones de niños mexicanos que están al borde de un precipicio insondable, pues de no ser atendidos en tiempo y forma, los daños serán irreversibles.
Hoy más que nunca, la Cruzada Nacional contra el Hambre exige, requiere y necesita la participación y la solidaridad de todos.
