Gabriel Fernández Espejel
Diecinueve de los cincuenta y ocho países que conforman el continente africano atraviesan uno o más procesos independentistas. Tres de ellos se ubican en el norte de África: Argelia, Libia y Marruecos, siendo el de este último país el conflicto más longevo de la región, ya que la disputa territorial que enfrenta con la República Democrática Árabe del Sahara se mantiene desde 1975. El resto de ellos se ubican en la África Subsahariana.
Los movimientos separatistas al sur del continente que captan mayor atención en la esfera internacional y en los medios transcurren en Mali, éste se originó con el golpe de Estado y la posterior secesión de los tuaregs al norte del país; otro más se da a raíz de la escalada de violencia entre la República Democrática del Congo y Ruanda, esta última nación acusada por su contraparte de apoyar a los secesionistas; los intentos en Darfur por derrocar al gobierno de Jartum en Sudan que lo acusa de limpieza étnica son bien conocidos, y un último está enmarcado por el proceso de pacificación y la búsqueda por establecer un gobierno sólido en Somalia.
Sin duda el conflicto en Mali, que se desbordó apenas el año pasado, se percibe como el de mayor calado y descontrol. El gobierno restablecido y la Unión Africana solicitaron a la OTAN acelere -junto con el Consejo de Seguridad de la ONU- el envío de tropas prometido para septiembre, ante el continuo avance de los rebeldes y la ampliación de la sharia. Françoise Hollande, el presidente de Francia, fue el primero en atender el llamado con el envío de tropas al territorio el viernes 11 de enero, aunque precisó que lo hace bajo el mandato de las leyes internacionales. Los gobiernos de Estados Unidos y de Francia han comparado la situación con Afganistán, debido a la posibilidad de que albergue movimientos terroristas vinculados a Al Qaeda.
Por su parte, los movimientos separatistas en Somalia parecen insalvables. La tarea de gobierno –que entró en funciones en septiembre pasado- se ha centrado en limitar el área de acción del grupo terrorista Al Shabab. Sin embargo, poco ha podido hacer para recuperar dos regiones en el llamado Cuerno de África que se declaran autónomas: Somaliland y Puntland, a las que se suma ahora Jubaland al sur, que cuenta con el apoyo de Kenia a fin de acotar las acciones terroristas de grupos islámicos; no obstante, el mismo gobierno de Nairobi enfrenta un movimiento separatista alrededor de la línea costera de Mombasa.
Boko Haram es otro grupo terrorista que causa problemas, en este caso al gobierno central de Nigeria, los separatistas demandan la aplicación en el norte del país de la sharia, ley islámica extremista, así como la expulsión de los cristianos de la región. Tanzania, por igual, busca contener las demandas de Uamsho, grupo musulmán que busca el control de la isla de Zanzíbar. Por otro lado están: Etiopía, República Democrática del Congo, la República Centroafricana, Zambia y Zimbabue, entre otros, que enfrentan a grupos separatistas de diferentes etnias.
