Patricia Gutiérrez-Otero

Se ha quedado atrás la fiesta de la Navidad —esperemos que alguien recuerde que se festeja el nacimiento del rey de la paz—, el Año Nuevo y los Reyes Magos. Sabremos si los mayas tenían razón y de qué manera: ¿un cambio de conciencia? Veremos con mayor claridad el rumbo que el gobierno federal y los estatales van a dar a este país y hasta dónde una ciudadanía activa estará en lucha por seguir el rumbo que ella quiere. Sabremos si disminuyó el saldo de muertos del combate a la delincuencia organizada y se llevó a cabo la Ley de Víctimas. Por el momento, vivimos en el mundo de la hipótesis, como cada día del presente. Escribo para el futuro, pero aún estoy en el presente… Curiosa mezcla de los tiempos editoriales. Quisiera tener el don de los grandes futurólogos, como Aldous Huxley, para bocetar el 2013. ¿Se seguirá derrumbando el neoliberalismo y sus prácticas? ¿Europa logrará encontrar un balance en su economía? ¿México podrá ser un país de productores y no sólo de maquileros? ¿Se levantará la agricultura del país? ¿Aprenderemos a ser más con menos? Son sólo algunas de las muchas preguntas que ahora están en suspenso. Hoy tengo este presente, el único, el que me toca asumir y vivir, como a cada uno de nosotros, caminando despacito para sentirme y para sentir. Escuchando los sonidos externos e internos. Tratando de calmar el galope de mis pensamientos. Escribiendo hoy para que alguien me lea a inicios del 2013. Además, sigo opinando que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés Larráinzar y a todos los grupos indígenas del país, sus comunidades, agua, tierras, costumbres; esclarecer los feminicidios en todo el país; mantener un boicot a Televisa y a Soriana; evitar los monopolios nacionales y extranjeros; cambiar el sistema neoliberal, padre de tantos males.