El abismo fiscal y sus entrañas

Marco Antonio Aguilar Cortés

En la economía de Estados Unidos está pendiente una decisión de fondo que no debe manejarse con teatralidad excesiva, sino con eficacia discreta. De no resolverse bien, conforme a un liderazgo responsable de esa nación, puede perderse su autoridad y, con ello, afectar el actual orden mundial, desajustando a México.

Puede que no nos gusten los fondos poco limpios de la economía Made in USA, pero gran parte del mundo actual tiene su eje en ella, y nuestro país, lamentablemente, depende en porcentajes elevados de su estructura y su desarrollo.

Durante el año 2012 se habló y se escribió en demasía sobre el peligro que representa “el abismo fiscal en los Estados Unidos de América”. Y desde años anteriores se avizoró tal peligro.

Con el análisis de ese problema existen miles de artículos, discursos y libros, dando la impresión de que hay, como nunca, más economistas por metro cuadrado que en cualquier otro tiempo.

Y es que lo importante del tema rebasa la exclusividad de los economistas, obligando a que se maneje con mucho profesionalismo, sin dramatismo grosero de política electoral y al margen de una teatralidad artificiosa.

El problema delicado es que el gobierno de Estados Unidos se encuentra sobregirado, endeudado varias veces por el monto de su presupuesto anual. Esto, además de significar una deuda gubernativa, encarna la realidad de que el alto nivel de vida en Estados Unidos se sustenta, en un sobresaliente porcentaje, en el trabajo y los recursos de muchos países.

La globalización ha acentuado más ese hecho, pero su naturaleza y origen se da en el hegemonismo, o en la explotación, dependiendo de qué tan descarnada queramos la frase.

Y la simple curación presupuestaria que han efectuado las dos cámaras del Congreso de aquel país es provisional. Si nuestros vecinos del norte hubiesen, a partir del primero de enero de 2013, aumentado impuestos para el pueblo norteamericano y, a su vez, hubiesen recortado masivamente su gasto público, hubieran entrado en recesión segura y complicada, arrastrando tras de sí a Europa, al resto de América y a todo el mundo, en ese orden.

No olvidemos que los mercados financieros y bancarios del planeta están, en estas épocas, pegados en la estructura económica estadunidense.

Barack Obama logró que las medidas del recorte al gasto público se aplazaran por enero y febrero de este 2013. Así que puede estallar la economía mundial en seis semanas, pues sólo han pospuesto el reventón.

Pero el problema económico existe, y su tratamiento no puede ser provisional. Joseph Stiglitz asegura, en su libro El precio de la desigualdad, que el mal del mundo se encuentra en que “el 1% de la población del planeta tiene lo que el 99% necesita”.

Stiglitz fue laureado junto con George A. Akerlof y Michael Spence con el Premio Nobel de Economía 2001, por sus análisis de los mercados con información asimétrica, y explica en qué cantidad, y el porqué existen tantos descontentos por la globalización y sus efectos.

Junto a eso, la economía de México tiene sus propios padecimientos, por la pésima organización para producir y distribuir lo producido, pero esto será tema de futura reflexión.