La realidad sobrepasa las predicciones

René Anaya

Como cada año en la temporada invernal, los enfermos con influenza aumentan, pero el registro detallado de esos casos por las autoridades sanitarias de los diferentes países permite tomar medidas preventivas, si se presentan brotes epidémicos… Por lo menos eso se puede hacer en teoría, aunque la realidad siempre sobrepasa las predicciones en todos los países.

Actualmente, en 48 estados de Estados Unidos se ha registrado un mayor número de enfermos con influenza que el esperado, por lo que se le considera el mayor brote epidémico en los últimos diez años, es decir mucho más extendido que el causado en 2009 por el virus A H1N1.

Un enemigo con mil caras

Por el momento, las autoridades sanitarias de México han emitido un aviso preventivo recomendando que las personas que visiten Estados Unidos se apliquen la vacuna estacional contra la influenza, principalmente niños de 6 meses a 5 años 11 meses de edad, personas de más de 60 años, mujeres embarazadas, pacientes con enfermedades crónicas y el personal de salud; incluso se ha reforzado la campaña de vacunación gratuita contra la influenza.

Aun así, el riesgo de contraerla sigue latente, ya que el aumento de los casos en un país con mejores controles sanitarios que el nuestro corrobora que el cambiante virus de la influenza tiene mil caras o la posibilidad de tener numerosas mutaciones que dificultan su combate efectivo.

El virus de la influenza pertenece a la familia de los Orthomixoviridae, sus miembros se clasifican en tres tipos: A, B y C. Los más importantes son los tipo A porque causan una enfermedad más grave que los B y C, además son los principales causantes de las pandemias, aunque los B también han sido responsables de epidemias; de los tipo C se tienen informes de que llegan a causarlas esporádicamente.

Por esta razón, los tipos de virus que han sido más estudiados son los A que tienen reservorios animales, principalmente cerdos y aves, donde pueden estar presentes sin tener muchos cambios hasta que uno o más subtipos de virus se reúnen en ese reservorio para hacer un “coctel explosivo”, es decir generar un nuevo virus con mayor capacidad de infectar a las personas, como el A (H1N1) que recorrió el mundo en 2009.

La actual epidemia en Estados Unidos al parecer no alcanzará esas graves proporciones, porque el mayor número de casos de influenza en ese país ha sido causado por el virus A (H3N2), del que protege la vacuna estacional de este año, que también defiende contra el ya conocido A (H1N1) y contra el B/Yamagata.

En esas condiciones, los casos registrados son de quienes no se aplicaron la vacuna, por esa razón no hay motivo de gran alarma, pero sí se debe monitorear que esa cara del actual virus epidémico no cambie y se transforme en otro tipo de virus A, del que no se tengan defensas.

La diversidad de la influenza

Los virus del tipo A tienen dos formas distintas que se llaman Hemaglutinina (H) y Neuraminidasa (N), las cuales determinan la cepa del virus. Tanto la H como la N le confieren parte de sus características infecciosas y de su potencialidad para causar pandemias.

La Hemaglutinina, como su nombre lo indica, aglutina o reúne los glóbulos rojos alrededor del virus; se conocen 16 subtipos de Hemaglutinina, que van de H1 a H16. Por su parte, la Neuraminidasa puede ser de nueve tipos (de la N1 a la N9). Las H y las N se combinan entre sí para originar numerosas cepas de H y N, de ahí que puedan tener numerosas transformaciones, algunas de ellas pueden ser letales.

Además de H y N, el virus de la influenza está constituido por otros seis segmentos: M (proteínas M1 y M2), NP (Nucleoproteína), NS (proteínas no estructurales), PB2 (Transcriptasa), PA (Transcriptasa) y PB1 (Transcriptasa y proteína que induce la muerte de las células). Estos segmentos pueden provenir de diferentes virus de la influenza, no solamente humana, sino también porcina y aviaria.

Lo preocupante del virus A (H3N2), a diferencia del A (H1N1) y el B, es que causa más síntomas y tiene más probabilidades de causar neumonía, especialmente en jóvenes y ancianos.

Por lo tanto, es conveniente que se extremen las medidas de prevención, como abrigarse bien, consumir alimentos ricos en vitaminas A y C, tomar abundantes líquidos, lavarse las manos con frecuencia, toser y estornudar cubriéndose con un pañuelo o con el ángulo que forma el brazo con el antebrazo, vacunarse si pertenece al grupo de más riesgo (por edad, enfermedad o embarazo) y, sobre todo, acudir al médico a los primeros síntomas de gripe, como recomienda la Secretaría de Salud.

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