En el combate al hambre

Humberto Musacchio

Se anunció una Cruzada Nacional contra el Hambre y han abundado las críticas. Ante la terrible realidad de millones de mexicanos que carecen de alimentación suficiente —hay quien calcula que es la quinta parte de la población—, lo único que no puede hacer un gobierno es cruzarse de brazos. Puede ser incomprensible y criticable que, después de las campañas y el lapso entre elecciones y toma de posesión, no se cuente con un diagnóstico preciso de los problemas ni con las soluciones acabadas. Pero de ahí a rechazarlo todo por los detalles no previstos hay una distancia enorme que percibe casi cualquier ciudadano.

La Cruzada contra el Hambre es la respuesta rápida a un problema que no puede esperar. Se le tilda de plan salinista y dizque para confirmarlo se recuerda su parentesco con el programa Solidaridad. Los priistas podrían responder que las políticas asistenciales las puede aplicar cualquier partido y recordar que Andrés Manuel López Obrador creó programas, por fortuna vigentes, para dar una pensión a las personas de la tercera edad, ayuda a las madres solteras, becas a los niños estudiantes a quienes también se benefició con uniformes y útiles escolares.

Los que tachan de demagógica esta cruzada, lo dicen porque suponen —y suponen bien— que el gobierno de Enrique Peña Nieto va a resultar favorecido. Pues sí, pero ningún gobierno echa a andar programas de beneficio social para ganarse antipatías. Con esos programas, independientemente de afrontar problemas reales, se pretende lograr legitimación y consenso, lo que forma parte del juego político.

Se condena la cruzada porque, dicen los críticos, no va al fondo del problema, pues la única respuesta consistente ante el hambre y la pobreza es crear empleos bien remunerados. Y en efecto, así es, y eso debe saberlo muy bien el equipo gobernante. ¿Pero, mientras tanto…? Las políticas asistenciales se aplican precisamente para dar respuesta inmediata a los problemas. Y ése es el caso de la cruzada.

Durante años se criticó que la Conasupo tuviera a la venta artículos de primera necesidad. Los comerciantes la consideraban una actitud desleal, aunque nadie se fue a la quiebra por esa competencia. En cambio, millones de niños no carecieron de leche gracias a la Conasupo ni de un alimento al día merced a los Desayunos Escolares. Salvar de la desnutrición es preservar la inteligencia. Sólo por eso, si no implicara otros beneficios, sería necesario apoyar la Cruzada Nacional contra el Hambre.